
Un nuevo comienzo no siempre llega envuelto en claridad. A veces se presenta como un cierre inesperado, como una puerta que se cierra, como un silencio que no entendemos. Pero en ese silencio, en esa pausa, en ese aparente vacío, Dios está trabajando. Él toma lo que parecía un final y lo transforma en un punto de partida. Toma lo que dolió y lo convierte en aprendizaje. Toma lo que se quebró y lo usa como fundamento para algo más fuerte, más auténtico, más alineado con el propósito que ha sembrado en nosotros.
Tu amigo Israel Meza, que Dios te bendiga siempre y recibe un fuerte abrazo.