Nunca nos dejará. Esa certeza es más fuerte que cualquier miedo, más firme que cualquier duda. Aunque las circunstancias cambien, aunque los caminos se tornen inciertos, su compañía permanece. Es el susurro que nos recuerda que seguimos siendo amados, es la paz que nos envuelve cuando todo parece perdido, es la fuerza que nos levanta cuando ya no queda nada más.
Tu amigo Israel Meza, que Dios te bendiga siempre y recibe un fuerte abrazo.
Soltar lo que no edifica no es un signo de debilidad, sino de madurez espiritual. Es comprender que no todo merece espacio en nuestra mente ni en nuestro corazón. El mundo nos ofrece mil distracciones, pero la Palabra nos recuerda que debemos enfocar nuestra atención en lo que es verdadero, justo y puro.
Tu amigo Israel Meza, que Dios te bendiga siempre y recibe un fuerte abrazo.
La vida está hecha de etapas: algunas llenas de luz, otras marcadas por la incertidumbre, otras teñidas de silencios que parecen interminables. Y sin embargo, en cada una de ellas, hay un hilo invisible que sostiene, acompaña y guía: la fidelidad de Dios. Una fidelidad que no cambia con las estaciones, que no se debilita con nuestras dudas, que no se apaga cuando nos sentimos perdidos. Él permanece, firme y constante, incluso cuando nosotros fluctuamos.
Tu amigo Israel Meza, que Dios te bendiga siempre y recibe un fuerte abrazo.
Cuando una puerta se cierra, no es Dios alejándose. Es Dios reordenando. Es Él guiándonos hacia un lugar donde nuestra alma pueda crecer, sanar o descubrir algo que no habríamos visto si todo hubiera seguido igual. En esos momentos, la fe se vuelve más que una palabra: se convierte en un acto de confianza, en un susurro que dice “sigue caminando, incluso si no ves el siguiente paso”.
Tu amigo Israel Meza, que Dios te bendiga siempre y recibe un fuerte abrazo.
Cuando intentamos sostener la vida con nuestras propias manos, el cansancio se vuelve un compañero constante. La mente se llena de dudas, el corazón se llena de presión y el espíritu se llena de silencios que pesan. Pero cuando soltamos, cuando dejamos de luchar solos, cuando permitimos que Dios tome el lugar que le corresponde, algo dentro de nosotros se aligera. No porque los problemas desaparezcan, sino porque dejamos de enfrentarlos desde la autosuficiencia.
Tu amigo Israel Meza, que Dios te bendiga siempre y recibe un fuerte abrazo.
Ser ejemplo no significa ser perfecto. Significa ser auténtico, ser coherente, ser alguien que intenta vivir con propósito incluso en medio de sus propias luchas. Significa reconocer nuestras fallas, pedir perdón cuando es necesario, y permitir que nuestra vida sea un reflejo de aquello en lo que creemos. El ejemplo más poderoso no nace de la fuerza, sino de la humildad; no nace de la apariencia, sino de la verdad interior. Cuando vivimos desde la integridad, incluso nuestros silencios enseñan.
Tu amigo Israel Meza, que Dios te bendiga siempre y recibe un fuerte abrazo.
Volver la mirada a Dios no es un acto de obligación, sino un gesto de regreso. Es recordar que no caminamos solos, que hay una Presencia que nos acompaña incluso cuando no la sentimos, que nos espera incluso cuando nos alejamos, que nos abraza incluso cuando no sabemos cómo volver.
Tu amigo Israel Meza, que Dios te bendiga siempre y recibe un fuerte abrazo.
Mirar hacia adelante con fe es aprender a caminar confiando en lo que aún no vemos, sosteniéndonos en la certeza de que cada paso tiene sentido porque está guiado por la presencia de Dios. La fe nos invita a levantar la mirada más allá de las dificultades, a descubrir que el futuro no es un lugar incierto, sino un espacio donde el Señor ya nos espera con esperanza y propósito.
Tu amigo Israel Meza, que Dios te bendiga siempre y recibe un fuerte abrazo.
En lo más íntimo de nuestro ser existe un llamado que no se apaga, un susurro que nos invita a elevarnos más allá de las sombras cotidianas y de las cargas que nos atan. Es un llamado a descubrir la amplitud del horizonte, a mirar hacia arriba y reconocer que fuimos creados para la plenitud. Así como las águilas se remontan sobre las montañas con majestuosidad y serenidad, también nosotros somos invitados a desplegar nuestras alas interiores y confiar en que el viento del Espíritu nos sostendrá. El vuelo no es solo un movimiento físico, es un acto del alma que se atreve a confiar en lo invisible.
Tu amigo Israel Meza, que Dios te bendiga siempre y recibe un fuerte abrazo.
Dios no busca perfección, porque sabe que el ser humano es frágil, limitado y lleno de contradicciones. Lo que Él busca es un corazón sincero, dispuesto a abrirse, a reconocer su necesidad y a dejarse transformar por la gracia. La perfección que tanto anhela el hombre es un espejismo, pero la sinceridad es un tesoro que el Padre recibe con gozo. En la vulnerabilidad se revela la verdad, y en la verdad se manifiesta la misericordia.
Tu amigo Israel Meza, que Dios te bendiga siempre y recibe un fuerte abrazo.
Preguntarnos qué quiere Dios de nosotros es abrir el corazón a una búsqueda que no se agota en una respuesta rápida ni en una fórmula sencilla. Es una pregunta que nos acompaña en cada etapa de la vida, que se renueva en cada decisión, que se profundiza en cada experiencia. Dios no nos mira con ojos de juicio severo, sino con ojos de amor que nos invitan a descubrir el propósito para el cual fuimos creados. Su voluntad no es una carga pesada, sino un camino de libertad, un sendero que nos conduce a la plenitud.
Tu amigo Israel Meza, que Dios te bendiga siempre y recibe un fuerte abrazo.
Volver al primer amor es regresar al origen de nuestra fe, a ese momento en que el corazón ardía con pasión sincera y la esperanza iluminaba cada paso. Es recordar la frescura de los comienzos, cuando la relación con Dios era simple, pura y llena de gratitud. Ese primer amor no se trata de emociones pasajeras, sino de una entrega genuina que nos hacía sentir que todo tenía sentido porque Él estaba en el centro de nuestra vida.
Tu amigo Israel Meza, que Dios te bendiga siempre y recibe un fuerte abrazo.
La obediencia, cuando nace del corazón, se convierte en un acto de reverencia. No es simplemente cumplir órdenes o seguir reglas, sino reconocer con humildad que nuestra vida tiene un propósito mayor y que caminar en la voluntad de Dios es una forma de honrarlo. Obedecer es abrir el alma a la confianza, es decir con nuestras acciones que creemos en su amor y que aceptamos su guía como el camino más seguro.
Tu amigo Israel Meza, que Dios te bendiga siempre y recibe un fuerte abrazo.
La paz que viene de lo alto no es un concepto humano ni una emoción pasajera; es una realidad espiritual que desciende como un regalo divino sobre aquellos que abren su corazón a la presencia de Dios. No depende de las circunstancias externas ni de que todo esté en orden a nuestro alrededor, sino que brota desde lo profundo, como un río sereno que atraviesa nuestra vida y calma la ansiedad. Es una paz que nos envuelve como un manto invisible, que nos recuerda que no estamos solos, que somos sostenidos por un amor eterno.
Tu amigo Israel Meza, que Dios te bendiga siempre y recibe un fuerte abrazo.
Explorar el carácter de Dios es adentrarse en un misterio que no se agota, un océano infinito de amor, justicia y misericordia que nos envuelve y nos transforma. No hablamos de una idea abstracta ni de un concepto lejano, sino de una realidad viva que se manifiesta en cada gesto de bondad, en cada acto de compasión y en cada instante de gracia que toca nuestra existencia. Conocer quién es Dios es descubrir que su esencia no se limita a lo que podemos comprender, sino que se revela en la manera en que nos acompaña, nos sostiene y nos invita a caminar en confianza. Es como abrir una ventana hacia la eternidad y dejar que la luz de su presencia ilumine cada rincón de nuestra vida.
Tu amigo Israel Meza, que Dios te bendiga siempre y recibe un fuerte abrazo.
La tentación es esa voz silenciosa que se insinúa en los rincones más vulnerables de nuestra alma, disfrazada de promesas fáciles y caminos que parecen más cortos que la senda de la fe. No siempre llega como un estruendo, muchas veces se presenta como un susurro que acaricia nuestros pensamientos, como una aparente solución inmediata a nuestras carencias, como un espejismo que promete alivio pero que en realidad conduce al vacío. En esos momentos, la oración se convierte en nuestro refugio, en un clamor que reconoce nuestra fragilidad y nuestra necesidad de ser sostenidos por la gracia divina.
Tu amigo Israel Meza, que Dios te bendiga siempre y recibe un fuerte abrazo.
Del dolor a la misión hay un camino de fe y de entrega. Es aceptar que lo vivido nos prepara para acompañar a otros, que nuestras cicatrices pueden convertirse en señales de esperanza, que lo que parecía derrota puede ser el inicio de un llamado. La misión no borra el dolor, lo resignifica. Y en esa resignificación descubrimos que Dios nos invita a ser instrumentos de consuelo, de paz y de transformación en el mundo.
Tu amigo Israel Meza, que Dios te bendiga siempre y recibe un fuerte abrazo.
Abrir el corazón a los planes de bien de Dios es vivir con esperanza. Es caminar con confianza, sabiendo que lo que Él prepara siempre supera nuestras expectativas. Es aprender a soltar el miedo y abrazar la certeza de que su voluntad es buena, agradable y perfecta. Y en esa confianza, el alma se renueva, se fortalece y se llena de alegría para seguir adelante.
Tu amigo Israel Meza, que Dios te bendiga siempre y recibe un fuerte abrazo.
Recordar lo que Dios ha hecho es detenerse en el camino y levantar un altar en la memoria, un altar invisible pero real, construido con gratitud y con fe. No es simplemente traer a la mente hechos pasados, sino reconocer que cada paso, cada victoria y cada aprendizaje han sido sostenidos por su mano. La memoria se convierte en un espacio sagrado donde el alma se inclina y reconoce que no hemos llegado hasta aquí por nuestras fuerzas, sino por su fidelidad.
Tu amigo Israel Meza, que Dios te bendiga siempre y recibe un fuerte abrazo.
Dejar atrás lo que estorba no es un acto de olvido, es un acto de libertad. Muchas veces cargamos con pensamientos, culpas, miedos o hábitos que nos atan y nos impiden avanzar. Son como piedras en el camino que hacen más pesado nuestro andar. Pero Dios nos invita a soltar, a desprendernos de aquello que no nos permite crecer, para caminar más ligeros hacia lo que Él tiene preparado.
Tu amigo Israel Meza, que Dios te bendiga siempre y recibe un fuerte abrazo.