
En lo más íntimo de nuestro ser existe un llamado que no se apaga, un susurro que nos invita a elevarnos más allá de las sombras cotidianas y de las cargas que nos atan. Es un llamado a descubrir la amplitud del horizonte, a mirar hacia arriba y reconocer que fuimos creados para la plenitud. Así como las águilas se remontan sobre las montañas con majestuosidad y serenidad, también nosotros somos invitados a desplegar nuestras alas interiores y confiar en que el viento del Espíritu nos sostendrá. El vuelo no es solo un movimiento físico, es un acto del alma que se atreve a confiar en lo invisible.
Tu amigo Israel Meza, que Dios te bendiga siempre y recibe un fuerte abrazo.