
La tentación es esa voz silenciosa que se insinúa en los rincones más vulnerables de nuestra alma, disfrazada de promesas fáciles y caminos que parecen más cortos que la senda de la fe. No siempre llega como un estruendo, muchas veces se presenta como un susurro que acaricia nuestros pensamientos, como una aparente solución inmediata a nuestras carencias, como un espejismo que promete alivio pero que en realidad conduce al vacío. En esos momentos, la oración se convierte en nuestro refugio, en un clamor que reconoce nuestra fragilidad y nuestra necesidad de ser sostenidos por la gracia divina.
Tu amigo Israel Meza, que Dios te bendiga siempre y recibe un fuerte abrazo.