
Salmo 121:1–3 “Alzaré mis ojos a los montes; ¿de dónde vendrá mi socorro?
Mi socorro viene de Jehová, que hizo los cielos y la tierra. No dejará que resbale tu pie; no se adormecerá el que te guarda.”
Pensar en la fidelidad de Dios es pensar en Su cercanía. Es reconocer que, aunque el corazón humano atraviese temporadas de soledad, cansancio o culpa, existe un refugio que permanece inmutable. Todos, en algún momento, hemos sentido esa mezcla extraña entre sentirnos abandonados por el mundo, pero sostenidos misteriosamente por Dios. Esa aparente contradicción es, en realidad, la expresión más clara de Su fidelidad: cuando todo se cae, Él permanece cerca.
Piensa hoy:
¿En qué área de tu vida necesitas alzar la mirada y recordar que tu socorro viene de Dios, y no de tus fuerzas? Recuerda que Él te sostiene y no se adormece.