
Salmo 51 ¡Apiádate de mí, Dios, por tu amor! ¡Por tu gran misericordia, borra mis transgresiones! Lávame de toda mi maldad y purifícame de mi pecado. Yo reconozco mis rebeldías, porque siempre tengo presente mi pecado. Contra ti solo he pecado y he hecho el mal ante tus ojos. En tu sentencia te mostrarás justo; serás irreprochable cuando juzgues. Sé que he sido engendrado en la maldad y en el pecado me concibió mi madre. Tú amas la sinceridad del corazón y en lo secreto me enseñas sabiduría. Rocíame con el hisopo para que quede puro, lávame para que quede más blanco que la nieve. ¡Que yo pueda oír el gozo y alegría, y se alegren los huesos que tú quebrantaste! No prestes atención a mis pecados y borra toda mi maldad. ...