
Cada mensaje predicado nos debe llevar a Cristo, y recordar el propósito de su muerte y resurrección. Es necesaria una constante repetición de la palabra.Lo que Pablo enfatiza en esta porción es que el origen del evangelio es Cristo. Predicamos el evangelio porque Cristo murió por nuestros pecados.
A diferencia de las deidades de los demás sistemas religiosos, Dios se reveló a la humanidad. Sabemos quién es Dios y cómo es porque él se ha revelado al hombre. Cristo se ha revelado directamente al hombre, ha convivido con él, y su muerte y resurrección son el clímax de las obras de Dios a favor de la salvación del hombre.
Así como los corintios, hemos aceptado este evangelio. La iglesia debe recibir, perseverar y retener esa palabra y atenerse a las consecuencias de esta verdad.