El apóstol Pablo vio la fidelidad de Cristo como un motor que impulsaba la fidelidad en su propia vida y especialmente en sus palabras. Él quería ser fiel a su palabra porque Cristo es fiel y es el Amén de Dios.
Mis hermanos, no solamente somos llamados a conocer lo que es bueno, sino a vivirlo. Dios no quiere que seamos solamente oidores o conocedores de su Palabra, Dios quiere que seamos hacedores de la Palabra.
Sin ninguna duda, la mejor manera de entender la benignidad que es fruto del Espíritu, es ver la manera como Dios es benigno. Porque ya hemos dicho antes que la calidad del fruto que somos llamados a manifestar, la calidad del fruto que Dios desea producir en nosotros, y que quiere que nosotros exhibamos, es la calidad divina del fruto.
Situaciones difíciles en el hogar, en el trabajo, en la iglesia y en el mundo, como seguidores de Cristo. Recordemos que el Señor nos aseguró que íbamos a ser aborrecidos del mundo, y que en el mundo tendríamos aflicción y tribulaciones. Todas ellas requieren que permanezcamos bajo un gran peso, y que no tiremos la toalla, sino que perseveremos con la mirada puesta en Jesús.
Jesús es el Señor de la paz, que en los últimos momentos de su vida terrenal, momentos en los que cualquier otro estaría angustiado y desesperado, les dejó a sus discípulos un regalo inmenso, les dejó su paz. Ninguna cantidad de plata, oro o piedras preciosas podría igualar el valor de este regalo.
Las circunstancias son muy cambiantes, las emociones son muy cambiantes (de la euforia a la depresión) pero el gozo no es algo momentáneo, sino que es algo permanente en nuestras vidas, porque descansa sobre alguien que es sólido y firme, y que nos da seguridad en medio de cualquier circunstancia que estemos atravesando.
La primera de las cualidades del fruto del Espíritu es el amor. Todo el mundo habla de amor, pero frecuentemente lo confunden con sentimentalismo o con pasiones deshonrosas. El amor que es fruto del Espíritu es de una naturaleza radicalmente diferente a la del mundo.
Ninguno de nosotros, por más esfuerzos personales que haga, puede producir por sí mismo el fruto del Espíritu. El único que puede hacerlo es el Espíritu Santo cuando habita en nosotros. Solo él puede guiarnos a vivir de esta manera tan contraria a nuestra naturaleza humana.
El evangelio ha sido anunciado desde Génesis 3. En Isaías también encontramos el evangelio presentado claramente, incluso muchos años antes de que el Señor Jesús descendiera a la tierra. Una vez más podemos ver que las verdades del evangelio han sido presentadas una y otra vez a lo largo de todas las Escrituras.
Dios constituyó pastores para cuidar de su rebaño. Los pastores han sido delegados por el Señor para alimentar a sus ovejas con la Palabra y protegerlas de aquellas amenazas que dañan su vida espiritual.
El crecimiento, tanto espiritual como numérico, no es el único indicativo de la salud espiritual de una iglesia, pero sin duda es uno que también debemos considerar. Todo lo que tiene vida crece, la iglesia también debe hacerlo.
La disciplina eclesial es un regalo de Dios para la salud espiritual de la iglesia. Toda buena dádiva y todo don perfecto provienen de lo alto, del padre de las luces en el cual no hay mudanza ni sombra de variación.
Hermanos, estemos dispuestos a asumir el costo de amarnos lo suficiente como para expresarnos las cosas en que nos hemos fallado y buscar la reconciliación.
El compromiso es clave porque nos pone en una relación de interdependencia los unos para con los otros. Una relación en la que nos necesitamos los unos a los otros, para ser amados, para ser animados, para ser enseñados, para ser corregidos, para servirnos.
En definitiva, compartir el evangelio es un asunto de fe. Fe en el poder del evangelio que salva y fe en la obra del Espíritu que convence e ilumina al pecador.
Los caminos propios del hombre son muy diversos y todos ellos le parecen buenos ante sus propios ojos, pero el camino de Dios a la salvación es uno solo, y éste camino es Jesucristo. Así que la conversión en parte consiste en el abandono de todos esos caminos que son buenos ante la vista del propio hombre para aceptar el único camino que es aceptable ante los ojos de Dios, el cual es Jesucristo.
Las buenas noticias de Jesucristo son, sin lugar a dudas, el tema central de la fe, vida y misión de la iglesia.
La verdadera iglesia del Señor Jesucristo no debe ser una iglesia crédula, sino una que sabe muy bien lo que cree.
El pastor Mauricio Beltrán de la Iglesia Bautista Valle de Josafat nos presenta el tema: La Conducta Modelo del Creyente.
Cuán grande es el privilegio que Dios nos permite de participar del desarrollo de su obra. Él nos ha dado su Palabra para que por ella la iglesia sea fructífera. Nuestro deber como maestros es exponerla con claridad y fidelidad. El deber de la iglesia es fijar su atención en ella para vivir de acuerdo a sus enseñanzas.