
La encarnación nos recuerda que Dios no es indiferente a nuestras necesidades. Al contrario. Entró a la historia para salvarnos, cuidarnos, sostenernos y proveernos plenamente.
La encarnación de Cristo trae a los creyentes la promesa de una provisión total. Por lo tanto, el creyente debe vivir sin temor a la necesidad.