Dios mismo vino a salvarnos, vino a rescatarnos, porque su propósito era destruir el temor que nosotros tenemos al hombre. ¿Cómo? Salvándonos.
Al salvarnos Dios demuestra un gobierno soberano sobre nuestra vida. Era la única forma de salvarnos. Si Dios en su soberanía no enviaba a Cristo, y Cristo no nos salva destruyendo el temor al hombre, no pudiéramos ser salvos.
La encarnación nos recuerda que Dios no es indiferente a nuestras necesidades. Al contrario. Entró a la historia para salvarnos, cuidarnos, sostenernos y proveernos plenamente.
La encarnación de Cristo trae a los creyentes la promesa de una provisión total. Por lo tanto, el creyente debe vivir sin temor a la necesidad.
Antes de hacer resoluciones y compromisos de cosas que usted intentará hacer en sus propias fuerzas y en sus propios impulsos, reflexionemos en el poder de la dependencia en Cristo. Si no vivimos de esa manera, vamos a ser presas del temor al fracaso. Vamos a ser presas de este sentimiento profundo de que no lleno el estándar, de que no lleno el lugar.
La encarnación de Cristo significa que el futuro del justo es seguro y la paz en el presente le pertenece.
Dios quería demostrarle a Jonás en esta lección que Él es bondadoso pero también es severo. Cuando vemos la calabacera, representa la bondad de Dios. Jonás hizo una enrramada, y Dios en su bondad, preparó una calabacera para que le hiciera sombra. No solo presenta la bondad, sino también la salvación y la liberación.
La misericordia de Dios no solo restaura al siervo caído, al profeta caído, sino que también alcanza al pecador perdido, mostrando así las perfecciones de su gracia soberana.
Cuando el creyente clama desde lo más hondo del quebranto, Dios oye su oración, perdona su pecado y restaura su propósito.
Dios en su soberanía perfecta y su inmensa misericordia, usa aun nuestra desobediencia para cumplir sus propósitos eternos, persiguiendo, disciplinando y salvando aun al más vil de los pecadores, a través de Cristo, que es el verdadero y el mejor Jonás.
El creyente verdadero persevera hasta el fin, no por su propio mérito, sino porque Dios lo preserva, Cristo lo guarda y el Espíritu Santo lo sella para la eternidad.
¿Él salvará a quién? A su pueblo de sus pecados. Eso es redención particular. Dios desde antes de la fundación del mundo, escogió a un pueblo para sí mismo, y se lo entregó a su Hijo para que Él muriera por esos que eligió, y les asegurara la salvación y les asegurara la vida eterna.
Sin la elección soberana, en la masa de la humanidad muerta en pecado, nadie vendría a la salvación. Ni una sola persona en el mundo entero hubiese sido salvo.
Como el hombre está radicalmente depravado, solamente la gracia soberana de Dios en Cristo puede darle vida, luz y salvación.
La Escritura nos da varias parábolas para identificar lo que ocurre realmente cuando un hombre es salvo. Ha encontrado un tesoro, y ese tesoro está ubicado en un terreno. Y él vende todo lo que tiene en búsqueda de adquirir ese terreno, por el tesoro. O está la parábola de la perla de gran precio, donde el valor y la admiración por esa perla es tal, que se vende, se deja atrás todo lo que uno tiene para seguir a Cristo.
El cristiano debe contender o luchar por la fe reconociendo el tesoro del Evangelio. Es un patrimonio espiritual glorioso que se nos ha regalado, y debemos contender por la fe reconociendo el tesoro del evangelio, resistiendo las corrupciones de los falsos maestros, y finalmente confiando solamente en el Dios que nos preserva.
El evangelio de nuestro Señor Jesucristo no solo nos reconcilia con Dios y nos declara justos (justificación) delante de Él sino que también ese mismo evangelio también transforma nuestras relaciones horizontales llamándonos a vivirlas a través de la gracia.
Al llegar al final de la serie sobre el Evangelio según Lucas, aprenderemos que como discípulos del Señor somos afirmados y bendecidos con su paz a través de creer en Su resurrección corporal, abriéndose nuestro entendimiento a las Escrituras para ser testigos de Él.
La ley, Moisés, los profetas, los libros históricos, los poéticos, todos, nos mostraban a nosotros nuestra condición y nuestra gran necesidad de un Salvador. La ley muestra mi necesidad, los profetas anunciaron Su venida, pero el evangelio ha revelado su gracia y nos ha dado vida eterna.
Juan Calvino dijo: La Escritura debe ser interpretada siempre con referencia a Cristo, porque en Él encuentra su centro y su cumplimiento.
Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras. Fue sepultado y resucitó al tercer día. Si no hay resurrección de los muertos, tampoco Cristo resucitó. Y si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación.
En la cruz se encuentran la santidad de Dios y su amor infinito para abrirnos el camino hacia la vida eterna. Miremos la cruz no solo como espectadores lejanos, sino como pecadores que hemos sido alcanzados por esa obra perfecta. En este mensaje la idea central es que Jesús es el Mesías y Rey verdadero, que con su muerte en la cruz del calvario perdona a los pecadores, otorga salvación a los culpables y con su obediencia perfecta al Padre abre el camino hacia la vida eterna.