En este mini-episodio especial de Nochebuena, un saludo personal a quienes habéis acompañado La Arquitectura no es una Caja a lo largo de 2025.
Gracias por escuchar, por cuestionar dogmas, por no conformaros con la caja moderna y por atreveros a pensar la arquitectura —y el diseño— desde otros lugares: el futuro biodigital, la inteligencia artificial, los procesos vivos y las utopías que aún merecen ser exploradas.
Que esta Navidad sea un momento de pausa y reflexión. Menos nostalgia estéril, menos acuarelas muertas. Más preguntas, más aprendizaje y más sistemas vivos.
Feliz Nochebuena y que 2026 venga cargado de proyectos, prototipos y conversaciones que realmente valgan la pena.
Seguimos muy pronto con más episodios.
En esta edición navideña especial de 'La Arquitectura no es una Caja', sumérgete en un relato inspirado en el clásico de Dickens, pero con un giro arquitectónico. Conoce a Juan, un joven arquitecto obsesionado con las 'cajas' modernistas, el grafito y las acuarelas hiperrealistas, que rechaza el diseño paramétrico, la IA y lo digital como 'trampas' sin alma. En una Nochebuena solitaria, recibe visitas espectrales de Vitruvio, Le Corbusier y espíritus del presente y futuro, que lo confrontan con su resentimiento hacia la innovación. ¿Podrá Juan romper sus dogmas y abrazar los algoritmos, procesos morfogenéticos y herramientas computacionales que definen la arquitectura del siglo XXI? Un cuento satírico y reflexivo sobre el miedo al cambio, la nostalgia tóxica y la redención digital. Ideal para arquitectos, diseñadores y curiosos que cuestionan si la arquitectura es una caja... o algo vivo y mutante. ¡No te lo pierdas y comparte tu propia 'caja' navideña en comentarios!
En este episodio hablamos de Alberto Estévez, pero no desde el homenaje cómodo ni desde la nostalgia académica, sino desde la ruptura. Estévez no es interesante por ser “referente”, sino porque entendió antes que muchos que la arquitectura no podía seguir jugando al mismo juego sin morir de aburrimiento. Romper la caja no fue para él un gesto formal, sino un método: cuestionar la geometría heredada, la disciplina cerrada, la idea de proyecto como objeto estable y controlable.
Este episodio no va de biografías limpias ni de cronologías tranquilizadoras. Va de cómo se introduce la biología, lo digital, la morfogénesis y el pensamiento experimental en un campo que seguía obsesionado con el plano, la sección y la autoría clásica. Va de cómo se incomoda a la academia cuando se le recuerda que el mundo ya no funciona en dos dimensiones, ni en silos disciplinares, ni con métodos del siglo pasado.
Hablamos también de la universidad como cueva, de la resistencia feroz a todo lo que huela a tecnología, a IA, a sistemas complejos, y de cómo figuras como Estévez abrieron grietas reales por donde entró aire. No por moda, no por provocación vacía, sino porque entender la arquitectura como sistema vivo era, sencillamente, inevitable.
Este episodio es para quienes sienten que la caja ya no explica nada, para quienes intuyen que repetir discursos no es pensar, y para quienes saben que dibujar bien nunca fue suficiente. Aquí no se glorifica la tradición ni se demoniza el pasado: se le pasa por encima cuando hace falta.
Si la arquitectura todavía puede ser algo más que una caja bien renderizada, es porque alguien se atrevió a patear el tablero. Y este episodio va exactamente de eso.
En este episodio hablamos de la cueva de Platón, pero pasada por agua… de acuarela. Porque sí, las sombras pueden ser muy monas, muy difuminadas, muy “artsy”, pero siguen siendo sombras. Aquí hablamos de cómo la universidad, la profesión y hasta nuestra forma de mirar el mundo siguen atrapadas en esa cueva confortable donde todo parece verdad mientras no hagas demasiadas preguntas. Y sobre qué pasa cuando decides levantarte, darte contra la pared, y salir a ver la luz real —que, aviso, deslumbra, pero también despierta.
Un episodio para reírse un poco de nosotros mismos y, de paso, recordar que el futuro no está detrás de las sombras, sino fuera de la cueva… aunque dé pereza caminar hasta la salida.
Han pasado veinticinco años del siglo XXI. Las herramientasse perfeccionaron. Los procesos digitales se normalizaron. Y con ello, lascurvas también cambiaron. Algunas se volvieron más suaves, más controladas.Otras más agresivas y espectaculares. Pero poco a poco la curva dejó de serruptura y comenzó a institucionalizarse. Lo que en su origen era consecuenciade una lógica geométrica y tecnológica pasó, en muchos casos, a convertirse engesto. En imagen. En firma reconocible. En marca.
Archigram apareció en los sesenta como un meteorito y dejó algo claro: la arquitectura podía divertirse antes de que la sociedad decidiera volverse gris, seria y profundamente aburrida.
Mientras el mundo soñaba con ciudades ordenaditas y manuales de estilo, ellos propusieron ciudades que caminaban, casas que se enchufaban y metrópolis portátiles, como si la arquitectura tuviera derecho a ser juguete antes que mausoleo.
Este episodio no va de nostalgia, va de provocación.
De cómo un grupo de locos brillantes desmontó la solemnidad del diseño y mostró algo que hoy incomoda: que la arquitectura no tenía por qué obedecer a los políticos, a los ingenieros, ni a la industria… y mucho menos a la propia disciplina.
Archigram diseñó un futuro que no pudo ser porque la sociedad eligió seguir comprando aburrimiento envuelto en ladrillos.
Aquí repasamos sus delirios, sus aciertos y sus golpes de genio, mientras nos preguntamos por qué dejamos que la arquitectura pierda la gracia, el riesgo y la risa.
Si quieres escuchar el último momento en que la arquitectura fue libre, juguetona y descaradamente futurista, dale al play.
El idioma español y la arquitectura tienen algo en común: ambos esconden trampas.
Este episodio comienza con una broma lingüística y termina con una advertencia seria: o coges a la IA, o ella te cogerá a ti.
Entre el “coger” español y el “coger” latino se abre una grieta que revela mucho más que una diferencia de vocabulario: revela la relación de poder entre el humano y la máquina. Porque en la arquitectura, igual que en el lenguaje, el que no actúa, es actuado.
Aquí la inteligencia artificial no aparece como amenaza, sino como espejo. Refleja nuestros clichés, amplifica nuestras mentiras y nos obliga a preguntarnos si todavía sabemos por qué diseñamos. Es también una herramienta de expansión, un colaborador incómodo y, sobre todo, un dilema ético: ¿qué hacemos cuando la máquina no solo dibuja, sino que piensa?
Entre risas, anécdotas y sarcasmo, este episodio repasa la transformación del arquitecto contemporáneo: del dibujante con lápiz al estratega que conversa con el algoritmo. De los renders que mentían por belleza, a las inteligencias que mienten por estadística.
Una reflexión feroz —y a ratos divertida— sobre el papel del arquitecto en la era de las máquinas que ya no esperan órdenes, sino sentido. Porque si no la coges tú primero, te cogerá ella. Y esta vez, no habrá vuelta atrás.
Yo los llamaba el grupo de los ovnis: gente seria, con corbata, convencida de que un pedazo de paragolpes era una nave espacial.
Decían haber visto luces, señales, restos de naves… y hablaban con una convicción tan absoluta que, por momentos, era imposible no creerles.
Es el espíritu de la tribu, un fenómeno tan poderoso que ni siquiera la arquitectura está exenta.
Porque en la arquitectura también creemos en extraterrestres: los genios, los héroes, los iluminados que se presentan como elegidos.
En este episodio exploramos las grandes mentiras de la arquitectura.
Un viaje por las historias que seguimos repitiendo, los dogmas que se convirtieron en religión y la fe que aún tenemos en nuestros propios ovnis.
Y lo peor es que todavía hay gente repitiendo esas historias como si fueran avistamientos reales.
Y al final, una reflexión incómoda:
¿Qué pasa cuando llega la inteligencia artificial y empieza a mostrar que, tal vez, los verdaderos extraterrestres éramos nosotros?
Dicen que los arquitectos construyen para vencer a lamuerte.
Pero la historia demuestra que, a veces, la muerte termina construyéndolos aellos.
Borromini, Gaudí, Saarinen, Le Corbusier, Kahn y Hadiddejaron más que edificios: dejaron epitafios construidos de su vida. Cada unotrazó su destino con la misma precisión con la que dibujó sus planos. Susmuertes no fueron un final, sino una extensión de su obra: actos finales dondeel tiempo, la obsesión y el cuerpo se funden con la materia.
Este episodio recorre las circunstancias de esas muertes, nodesde el morbo, sino desde la pregunta esencial: ¿hasta qué punto laarquitectura puede sobrevivir a quien la crea?
Entre la tragedia y la eternidad, cada historia revela algo distinto: la fe, laambición, el aislamiento o la entrega total a una idea.
Seis arquitectos. Seis muertes que parecen escritas por laarquitectura misma.
Un viaje a través del tiempo, la creación y la fragilidad humana.
Porque, al final, toda gran obra es también un intento de dejar de morir.
Hay edificios que no duermen. Sus muros respiran, sus sombras observan. Esta noche, la arquitectura se vuelve un cuerpo que recuerda.
La arquitectura ya no se dibuja, se programa.
Este episodio desmonta mitos y explica qué significa pensar en modo paramétrico: diseñar a través de relaciones, reglas y algoritmos, no de trazos ni caprichos formales.
De las maquetas colgantes de Gaudí a las superficies continuas de Zaha Hadid y los diagramas de MVRDV, exploramos cómo la lógica paramétrica cambió para siempre la manera de proyectar.
Si crees que el diseño paramétrico va de hacer curvas, prepárate: va de pensar sistemas.
Va de entender cómo una decisión mínima —una variable, un parámetro— puede transformar toda una obra.
No es magia, es método.
Y si estás escuchando esto, quizá también sea tu momento de decir: no eres tú, es mi arquitectura paramétrica.
Todavía vive entre nosotros. No ruge, no tiene escamas ni dientes afilados, pero sigue ahí: inmóvil, enorme, anacrónico. Es la casa. Mientras todo a nuestro alrededor se volvió digital, autónomo y programable, la vivienda sigue repitiendo el mismo modelo que hace un siglo. Este episodio es una autopsia sin anestesia: un viaje desde el patio griego hasta Amazon, pasando por el movimiento moderno y su efecto fotocopia. Un manifiesto contra la arquitectura domesticada y una pregunta incómoda para todos: ¿cómo puede ser que sigamos habitando un dinosaurio en plena era de la inteligencia artificial?
Una caja, tres genios y un crimen anunciado. Este episodio desentierra los cadáveres ilustres de la arquitectura moderna, expone sus ruinas y llama a juicio a los dioses del hormigón. Este episodio es dinamita pura: un ajuste de cuentas con la arquitectura muerta y una defensa salvaje de la inteligencia artificial como el único cerebro que aún funciona. Si esperas espiritualidad, no escuches esto. Si estás harto de cajas blancas y discursos huecos, bienvenido.
Una casa que no tiene dirección, que nunca se construyó, pero que transformó para siempre la manera en que entendemos el proyecto. En este episodio viajamos al corazón de la Embryological House de Greg Lynn, el experimento digital que anticipó la impresión 3D, la personalización masiva y la inteligencia artificial en arquitectura. Una historia de código, mutaciones y algoritmos que marcó el fin de la caja modernista y el inicio del siglo del código.
¿Fue una fantasía digital o el primer organismo arquitectónico del siglo XXI?
¿Sirve de algo la teoría en arquitectura o es solo humo académico? En este episodio de La arquitectura no es una caja descubrimos cómo la teoría es la herramienta que transforma proyectos en experiencias vivas. Hablamos de memoria encarnada en el Museo Judío de Berlín, de urbanismo social en el 8 House de BIG, de paisajes fluidos en el Rolex Learning Center de SANAA, de la revolución digital en el Centro Heydar Aliyev de Zaha Hadid y de la diplomacia cultural del Louvre de Abu Dhabi de Jean Nouvel. Palabras clave: teoría de la arquitectura, arquitectura contemporánea, diseño digital, sostenibilidad, espacio público, futuro del diseño.
Algunos links sobre las obras desarrolladas en este capítulo:
https://www.archdaily.cl/cl/772830/clasicos-de-arquitectura-museo-judio-berlin-daniel-libenskind
https://www.archdaily.cl/cl/02-57658/8-house-big
https://www.archdaily.cl/cl/902492/rolex-learning-center-sanaa
https://www.archdaily.cl/cl/02-310432/centro-heydar-aliyev-zaha-hadid-architects
https://www.archdaily.cl/cl/883186/louvre-abu-dhabi-ateliers-jean-nouvel
Patrik Schumacher ha firmado el acta de defunción de la arquitectura: no como metáfora, sino como diagnóstico. La disciplina, dice, ha dejado de existir como campo autónomo de teoría, innovación y autoría. En su lugar tenemos edificios sin discurso, bienales llenas de escombros reciclados y escuelas donde la crítica fue sustituida por la autoayuda.
En este episodio recorremos los cadáveres de la disciplina —la Bienal de Venecia, la academia complaciente, la práctica retro y el lenguaje vacío del profspeak— para preguntarnos si la arquitectura aún puede levantarse del ataúd o si ya es un embalaje decorativo en manos de ingenieros, algoritmos y promotores.
Una marcha fúnebre en formato podcast, con ironía, ejemplos reales y un interrogante brutal: ¿queremos ser protagonistas de la ciudad del futuro, o maquilladores del cadáver?
En un concurso para la ciudad de Córdoba hubo un eco incómodo: proyectos donde el arquitecto parecía más interesado en enseñar a vivir que en escuchar. Como si el plano viniera con un manual de conducta: aquí se sienta usted, aquí se ilumina, aquí respira. Este episodio clava el bisturí en esa arrogancia disfrazada de sensibilidad. ¿Puede la arquitectura ser empatía real, o siempre corre el riesgo de convertirse en un sermón de hormigón?
Esta semana Google lanzó Nano Banana, su nueva IA de generación de imágenes, y el golpe a la arquitectura tradicional es brutal. Basta con darle un espacio, una silla y una mesa, y la herramienta no solo compone la habitación completa: si hay un espejo, te genera hasta el reflejo. Un cambio absoluto en la representación de espacios.
En este episodio digo lo que muchos callan: el dibujo a mano ya no es la esencia de la arquitectura, es nostalgia. Nano Banana demuestra que las máquinas pueden pensar la espacialidad mejor que un croquis romántico. Bye bye grafito, hola IA: la profesión cambia y quien no lo entienda, quedará fuera del juego.
Frank Gehry descubrió algo brutalmente simple: con lápiz y papel no podía ni diseñar una escalera que existiera en su cabeza. El método clásico se le quedaba corto. Y entonces llegó la herejía: software de aviones de combate, escaneo láser, prefabricación de precisión. Así nació el Guggenheim de Bilbao y una nueva forma de pensar el espacio.
Este episodio explora cómo Gehry rompió el idioma euclídeo de la arquitectura y abrió la puerta a un futuro donde tal vez diseñemos como gamers con gafas 3D o como escultores digitales en pleno metaverso. Porque el lápiz fue útil, pero la arquitectura que viene habla otro idioma.
Niobe lo dijo claro en Matrix Resurrections: Sion nunca habría podido evolucionar con su idea obsoleta. Y ese es el espejo incómodo de la arquitectura retrógrada que todavía se aferra a cajas perfectas y mantras del siglo XX. En este episodio viajamos entre Matrix, Terminator y la obra de arquitectos como Zaha Hadid, Neri Oxman o Estévez para desenmascarar al verdadero enemigo: la monotonía. Aquí la resistencia no lucha contra máquinas asesinas, sino contra la mediocridad. Y lo hacemos con nuestros aliados más poderosos: algoritmos, biofabricación e inteligencia artificial.