Pláticas de contenido espiritual, también llamadas “meditaciones”. Pueden ser una ayuda para tu trato con Dios. Estas meditaciones han sido predicadas por el Pbro. Ricardo Sada Fernández y han sido tomadas de la página http://medita.cc
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Pláticas de contenido espiritual, también llamadas “meditaciones”. Pueden ser una ayuda para tu trato con Dios. Estas meditaciones han sido predicadas por el Pbro. Ricardo Sada Fernández y han sido tomadas de la página http://medita.cc
Jesús es luz, y con su luz llamó a los Magos a través de la estrella. El libro del Apocalipsis llama a Jesús “lucero de la mañana”: sigamos esa señalización única, intentando que nuestra vida se colme con su Presencia. El camino es largo y azaroso, pero confiemos: si alguna vez perdemos el rumbo, Él se conmoverá con nuestro deseo y volverá a manifestársenos muy pronto.
Como los Magos, abramos nuestro corazón a la luz, abramos nuestro corazón a la fe. Porque creer –credere, en latín- es cor-dare, dar el corazón, dar el Sí incondicional a Dios en un pagaré que no se hará efectivo sino en la eternidad. Cuidar la fe, virtud oculta, humilde, pero de la que depende todo.
En Caná, María interviene sin que se lo soliciten. María es, sí, mediadora, pero no pasiva. Su mediación tiene carácter de intercesión, es decir, Ella pide por nosotros a Dios lo que quizá nosotros no advertimos que necesitamos. Y como es un alma totalmente rendida a Dios por el amor, Él no niega nada de lo que su Madre le pide.
El Evangelio de la Solemnidad de hoy presenta a los Magos preguntando: “¿Dónde está el nacido rey de los judíos, pues hemos visto su estrella?” ¿Qué significa su estrella? ¿Cuál es la estrella infalible que nos señala dónde encontrar a Jesús? Sin duda que la Cruz. Ella nos señala sin confusión el camino seguro. Recordémosla frecuentemente pues solemos relegarla con frecuencia.
La celebración litúrgica de hoy es una sencilla memoria libre. Pero, considerándolo despacio, la devoción al Santísimo Nombre de Jesús nos trae infinidad de bienes: hace a Dios tan cercano que podemos tratarlo con su nombre propio. Además, produce lo que significa: Yahvé salva. Hagamos la prueba: repitamos muchas veces Jesús, Jesús, Jesús… y se alejarán los demonios, y Jesús estará presente para salvarnos de todo peligro.
Estas crisis mundiales son crisis de santos. Busquemos en san José un modelo de santidad: es llamado “justo” en el Evangelio y tuvo una vida de gran intimidad y confianza con Jesús y con María, como debe ser la nuestra. Aprendamos de él detalles de finura espiritual, comenzando por “poner atención” en las cosas de Dios.
La casa fundada sobre roca resiste porque está cimentada en la roca, que es el amor de Jesús. La fidelidad tiene tres aspectos: el primero, que es una respuesta (estamos llamados a ser fieles porque Dios nos es absolutamente fiel); segunda, que es una gracia que hemos de pedir, especialmente la gracia de la perseverancia final y, tercero, que la fidelidad ha de sernos gozosa, no onerosa (“no me queda más remedio que seguir aquí), porque la razón de nuestra fidelidad es el amor.
La Oración sobre las Ofrendas de la Solemnidad habla de gozarnos, con María, no solo de las primicias de su gracia, sino también de su plenitud. Las primicias, la Inmaculada; la plenitud, su maternidad. Con ella, nuestra Señora es elevada hasta los linderos de la Unión Hipostática. Alabemos a Dios por haber querido que una de nuestra misma estirpe tuviera tal dignidad. Nos ubica en lo que somos: seres llamados a la divinización.
Hoy termina un año. Que el Espíritu Santo armonice en nuestro interior la gracia propia de este día. Balance, cerrar cuentas. Acudimos a la misericordia de Dios para desagraviar, y le reconocemos sus incontables beneficios. También el día de hoy nos recuerda que todo termina. ¿Todo? No: terminus vitae sed non amoris. El amor es eterno, no porque exista la eternidad, sino que existe una Persona eterna. Unidos por el amor a esa Persona, seremos eternos.
¿Qué le diremos a Jesús el día que termina el año? Lo que cada uno tenga en su corazón, pero no olvidemos ser agradecidos. ¿No eran diez los curados?, preguntó, dolido, el Señor. Hemos recibido un diluvio de gracias, y cada uno tendrá conciencia de ellas. Pero no dejemos de agradecer las Misas y las comuniones que recibimos. Y volver a la consideración de la caducidad del tiempo y de la permanencia del amor.
“Dios fue visto en la tierra y conversó con los hombres”, dice la profecía de Baruch. Y nosotros nos alegramos al saber que nuestro Dios es también el Emmanuel, tan cercano como no puede serlo más. Es más yo que yo mismo. Pero solo lo advertiremos en el recogimiento interior.
Al volver nuestra mirada al pesebre, advertimos la presencia del buey y la mula. Ellos reconocen a su Señor, y no así el mundo, que lo rechaza pecando. El hombre, por la hybris, se coloca en lugar de Dios, cerrándole por el pecado la invitación al amor. Abrámonos por la contrición reconociendo nuestros pecados.
¿Por qué la Sagrada Familia de Nazaret es modelo de todas las familias? ¿Y por qué ha de ser también para cada uno de nosotros el ejemplo de amor familiar en nuestro corazón? Podríamos argumentar muchas razones, pero nos bastará ver las representaciones de los Belenes. En ellas, tanto María como José están con la mirada fija en el niño. Esa forma de vivir es lo que da el ambiente de familia en cada corazón.
El apóstol y evangelista Juan recibió con grandísima abundancia gracias de Dios. Aunque todas las gracias son inmerecidas, él supo corresponder y llegó a ser “el discípulo al que Jesús amaba”. Busquemos ir por su camino, siguiendo las reglas para soltarnos y crecer en el amor a Jesús: personalizar, llegar al corazón y encontrar nuestro modo propio, a través del recogimiento, el silencio, la libertad del corazón.
Esteban significa coronado. Dios le otorga la corona del martirio al testigo de Cristo que da por Él su vida. ¿Cómo fue capaz de dar ese testimonio, a pesar de la furia que desataba entre los sanedritas? Porque habría tenido -cristiano de la primerísima hora- muchos encuentros con Jesús. Busquémoslos nosotros, en nuestra oración contemplativa. Solo así lo podremos hacer presente.
El ángel dijo a los pastores: “Les ha nacido un Salvador”. No en impersonal, sino para ustedes, es suyo. Nos salva liberándonos de cualquier lastre, pero sobre todo nos salva porque se nos da Él: todo lo suyo es nuestro. Regalo del Padre que no alcanzamos a comprender, pero que esta noche, la Nochebuena, intentemos abrir nuestro corazón para que lo una al Suyo.
Con los pastores de Belén oímos esta noche el mensaje de los ángeles. Una gran alegría, el Mesías ha nacido. También aquí y ahora, dentro de la Santa Misa, el Mesías nacerá. Es el mismo de entonces y el de eternidad. Vamos a visitarlo y, pasmados ante su donación, nos lo comemos. Cada Misa es una Navidad, aguardando la definitiva.
Esta noche es Nochebuena. Los ojos del Niño dan nuevo fulgor a las estrellas: nada es igual en nuestro mundo porque ha bajado Dios. Belén es una cátedra, y Jesús nos dijo explícitamente que aprendiéramos de Él en la humildad de corazón. ¿En qué consiste la humildad que Cristo espera que vivamos? Precisamente, como Él, en descender. El deseo de afirmarnos, de enaltecernos, nos incapacita para ser del resto de Israel que esperó al Señor.
Dios es El-que-viene. No solo en la Navidad, ya tan próxima, sino en cada Eucaristía. Podemos comparar el Nacimiento de Jesús con la Consagración eucarística, donde comienza a ser visible, aunque ocultando su Humanidad. El pesebre de Belén, donde se deja al Niño, con el Sagrario. Y la Comunión con el “comérselo a besos” que las madres intentan con sus recién nacidos.
La humildad de María y el aprecio de Dios y de Ella a esta virtud se despliega en el Magníficat. El Señor resiste a los soberbios: ellos permanecen con el corazón cerrado, ubicándose en la mentira y el desamor. Entre los múltiples disfraces de la soberbia, advirtamos también la soberbia espiritual, que nos inclinaría a pensarnos buenos, olvidando que todo es don de Dios.
Pláticas de contenido espiritual, también llamadas “meditaciones”. Pueden ser una ayuda para tu trato con Dios. Estas meditaciones han sido predicadas por el Pbro. Ricardo Sada Fernández y han sido tomadas de la página http://medita.cc