Cierra el 2025, un año de importantes definiciones en la política en América Latina, marcado por profundos cambios electorales, levantamientos de protestas, movilizaciones migratorias y importantes debates sobre políticas públicas y derechos ciudadanos. Una de las tendencias más destacadas, en este balance político fue el avance electoral de fuerzas conservadoras en varios países como Argentina, Honduras, Chile y Bolivia. Por ejemplo, en Argentina, la Libertad Avanza partido de Javier Milei consolidó un fuerte respaldo en las elecciones legislativas, ampliando su presencia en el Congreso y confirmando el giro político del país hacia políticas económicas liberales. Asimismo, aunque por un estrecho margen destaca el caso de Honduras, el candidato conservador Nasry Asfura ganó la presidencia en un proceso electoral marcado por controversias y acusaciones de influencia externa, lo que simboliza una tendencia regional hacia el fortalecimiento de líderes de derecha y centro-derecha.
Destaca el caso de Bolivia, con un importante cambio político tras la elección de Rodrigo Paz. Una ruptura histórica con la hegemonía del Movimiento al Socialismo, así como también el caso de Chile con la rotunda victoria de José Antonio Kast, marcando una reconfiguración política a las tendencias ya tradicionales de izquierda en la región. De igual manera, merecen atención especial la participación cívica demostradas en los referendos y consultas populares en Ecuador, Colombia, Guatemala y Panamá, logrando canalizar la polarización y el descontento por medio de mecanismos institucionales. Lo cual se hizo presente también en la histórica elección judicial en México. Si bien el voto sigue siendo el principal instrumento de cambio y contestación con el poder, este mecanismo ya no representa una garantía de estabilidad y mejoramiento democrático. Altas cotas de polarización, sistemas de partidos fragmentados, creciente desarticulación intra-regional, precarización burocrática, violencia política, corrupción administrativa y altos niveles de inseguridad ciudadana, han sido los problemas que ha documentado buena parte de los estudios demoscópicos de este año.
Todo lo cual ocurre en un año como el 2025, en el que los EEUU redefine su Estrategia de Seguridad Nacional de forma notable, poniendo nuevamente al hemisferio americano en el centro de su reforzamiento geopolítico con todas las implicaciones que traen consigo. Teniendo en su despliegue militar en el Caribe contra el "narco-régimen" de Maduro en Venezuela, su principal ejercicio práctico del nuevo corolario Trump de la Doctrina Monroe. Un incremento de tensiones durante meses que ha reconfigurado reacomodos, alianzas y profundas implicaciones hemisféricas para los primeros meses del 2026. En suma, tenemos un 2025 que será recordado como un año de cambios políticos profundos, alta crispación y redefinición de agendas públicas, que marcarán las nuevas rutas para el futuro político de América Latina.
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Tras la publicación de la nueva National Security Strategy 2025, Donald Trump vuelve a poner en el centro de la política de defensa nacional la recuperación su área de influencia geográfica continental. Un documento en el que se desarrolla el "corolario Trump de la doctrina Monroe" y desde el que entiende las amenazas, los aliados, las potencias contendientes y su propio papel en el mundo. Una hoja de ruta política e ideológica con la que interactuar en una escena global cada vez más fragmentada ante la influencia de actores como China, Rusia, Irán, India, la Unión Europea entre otros.
Este documento deja clara la beligerancia y rivalidad internacional entre grandes potencias, en especial China, actor global descrito como el principal desafío estratégico de largo plazo, no solo en el plano militar, sino también en los ámbitos tecnológico, económico y normativo. En el caso particular de Rusia, representa un actor internacional disruptivo que amenaza en la arquitectura de seguridad heredada de la posguerra fría en toda la región euroasiática. Frente a ambos, Washington apuesta por una política de disuasión reforzada, de incentivos selectivos y una modernización acelerada de sus capacidades militares.
En el plano hemisférico el énfasis radica en la seguridad fronteriza, el control migratorio, la lucha contra el narco-terrorismo y la resiliencia económica como componentes centrales del poder nacional. El mensaje es inequívoco: sin control hemisférico —de fronteras, cadenas de suministro y sectores estratégicos— no hay liderazgo global sostenible. Incorporando además el estilo transaccional con los aliados tradicionales bajo la lógica de reparto selectivo de riesgos y beneficios. Una doctrina de "reclutamiento" de alianzas y expansión de intereses comunes.
En este episodio de Mirada Semanal, buscamos examinar esta nueva Estrategia de Seguridad Nacional, a la luz de la política exterior del segundo mandato de Donald Trump y en especial ponderando implicaciones por el reciente despliegue militar en el Caribe oriental. ¿Qué elementos del pasado toman forma nuevamente en esta doctrina, y qué aspectos podrían considerarse novedosos respecto a administraciones del pasado reciente? ¿cuáles serán sus efectos para América Latina y el orden internacional?
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https://warontherocks.com/2025/12/weak-in-battle-dangerous-in-resistance-venezuelas-military-preparedness-and-possible-responses-to-u-s-action/
Las reciente elecciones generales de Honduras, lejos de canalizar pacíficamente la pugnacidad política, dejaron al país centroamericano sumido en una incertidumbre electoral sin precedentes. Uno de los escrutinios más tensos y reñidos de su historia reciente que continúan hasta el momento en el que se realizó este episodio. Y es que el conteo avanzó entre pausas, incursiones esporádicas en varios centros de votación, fallos técnicos y un margen tan estrecho entre los dos principales candidatos —Nasry Asfura, del Partido Nacional, y Salvador Nasralla, del Partido Liberal— que cualquier variación mínima en las actas podría redefinir al próximo presidente. Aún así, con más del 80% de las actas procesadas, Nasralla mantuvo inicialmente una ligera ventaja, pero a medida que avanzaba el escrutinio, Asfura recuperó el primer lugar por una diferencia de apenas unos miles de votos. Al cierre de la semana, más de una cuarta parte del total de votos aún estaba bajo revisión y en suma, Honduras sigue sin saber quién ha ganado estos comicios.
Este escenario tan ajustado amplificó las dudas y cuestionamientos que ya existían sobre el proceso electoral. La detención repetida de la transmisión de resultados, las inconsistencias técnicas y la falta de claridad sobre el estado de las actas pendientes, alimentan las tensiones y eventualmente el respaldo social al gobernante entrante. Un aspecto no menor, si consideramos el sostenido descrédito que existe sobre la clase política y en especial contra el propio sistema electoral. Un evento electoral en el que también existió la intervención externa también, escalando la tensión: y es que las declaraciones del expresidente estadounidense Donald Trump, respaldando abiertamente a Asfura, así como el indulto al expresidente Orlando Hernández, buscaron influenciar en una elección tan reñida también.
Aún persisten los temores de que el resultado final —sea cual sea— llegue cargado de desconfianza y nuevas tensiones. El país enfrenta un momento decisivo: la necesidad de un cierre transparente y creíble que evite una crisis institucional y encaminar una transición pacífica de mandato, más allá de la incertidumbre electoral presente. En Mirada Semanal, examinaremos si Honduras pudiera lograr, en este contexto de tanta presión, mantener la difícil gobernabilidad democrática para el futuro próximo.
Si bien es cierto que en un año y dos meses de gestión aún es difícil hablar del México de Sheinbaum, sin embargo hay gestión de gobierno suficiente para hablar del México de Morena, especialmente en materia de política exterior. Claudia Sheinbaum, la primera mujer en llegar a la presidencia de México, se ha mostrado como heredera política de la particular presencia internacional de la Cuarta Transformación con la que se conduce el país en la región y en el mundo.
Desde el primer día, Sheinbaum ha mantenido como prioridad para su cancillería, la relación estratégica con los EEUU signada por los temas migratorios y de seguridad, mientras que por otra parte, una relación con la región en rediseño constante, contingente y en ocasiones poco comprometida ante las grandes tensiones geopolítica de nuestro tiempo. En buena medida ha hecho lo necesario para proyectar continuidad en principios de su antecesor Andrés Manuel López Obrador, como el discurso soberanista, la no intervención en asuntos externos en especial con las dictaduras de Cuba, Venezuela y Nicaragua, así como su sostenida ausencia en foros internacionales importantes.
Esta particular diplomacia mexicana ha buscado un difícil equilibrio entre pragmatismo y principios. Por un lado, intenta reposicionar a México como un actor confiable sobre energías limpias, transición energética y cambio climático, sin embargo en otros tópicos como la cooperación internacional contra el crimen organizado, o la propia cooperación comercial con la región, Sheinbaum ha condicionado su visión internacional al compromiso ideológico.
Para examinar este perfil internacional, nos acompañó Fernando Barrientos. Doctor en Ciencia Política por la Universidad de Florencia y profesor en la Universidad de Guanajuato. Con su respaldo examinaremos la dinámica política interna mexicana y su proyección internacional. ¿En qué áreas Sheinbaum está intentando proyectar liderazgo político propio y con qué resultados? Y, en especial ¿qué significa para la región el mundo el México de Sheinbaum?
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Conocida la contundente victoria del NO en el reciente referendo convocado por el presidente ecuatoriano Daniel Noboa, el gobierno encaja el quizá sea el revés político más fuerte durante su mandato. Y es que no solo rechazaron la re-apertura de las bases militares estadounidenses como parte de sus políticas de seguridad, sino también la creación de una asamblea constituyente encargada de redactar una nueva Constitución. Asimismo en esta consulta, la ciudadanía rechazó también sus planes de recortar la financiación pública de los partidos así como también la reducción de la representación parlamentaria. Un rechazo que además de representar una derrota política para Noboa, lanza varios mensajes interesantes dirigidos a toda la clase política ecuatoriana.Si bien el respaldo a la figura de Noboa ha sido consistente en el tiempo, así como también reconocerse abiertamente la necesidad de reforzar los esfuerzos por la seguridad nacional frente al narcotráfico y el crimen organizado, pareciera que la ciudadanía no está dispuesta a otorgar mayores poderes a la figura presidencial. Y es que para el gobierno abrir las puertas a una reforma constitucional y a la cooperación militar internacional, era la única manera de dotar al Estado de las herramientas necesarias para enfrentar esta crisis de seguridad. Sin embargo, para la mayor parte de la ciudadanía estas propuestas fueron interpretadas como un intento de concentración de poderes para la presidencia, un riesgo ya conocido por su historia reciente y para el propio estado de derecho democrático. De modo que más que un rechazo puntual a las reformas, este referendo se convierte en un voto de descontento también hacia el liderazgo de Noboa.En este contexto, examinaremos la semántica política de esta victoria del NO. ¿Qué significa esta derrota para el proyecto partidista de Noboa? ¿Cómo este traspié podría redefinir su estilo de liderazgo? ¿será el principio del fin de su estrategia contra la inseguridad, o es solo es quizá un tropiezo temporal?Analistas:Manuel Alcántara SáezMaría Puerta RieraEdición y Conducción:Xavier Rodríguez Franco
15.8 millones de chilenos están convocados a las urnas este domingo 16 de Noviembre a las elecciones generales chilenas. Un amplio panorama electoral, que incluye casi 750 mil nuevos votantes más que en los comicios del 2021 y que tras el retorno de la obligatoriedad del voto, se prevé la participación más alta de los últimos años. En esta contexto, se perfilan figuras como Jeannette Jara, exministra del Trabajo del gobierno de Boric y representante de la izquierda, frente a varios postulantes del centro-derecha que desde la oposición, han armado sus campañas sobre los temas como seguridad, inmigración y economía.
En esta elección la oposición conservadora parte divididos pero con importantes oportunidades siempre y cuando demuestren capacidad de establecer alianza entre sus tres candidatos: por una parte tenemos Johannes Kaiser, del Partido Nacional Libertario, quien plantea un programa de apertura liberal de reducción drástica de los impuestos corporativos, privatizar servicios públicos y reforzar la seguridad pública. Por otra parte, tenemos al líder del partido republicano José Antonio Kast quien reitera su postulación con un discurso centrado en controlar la migración, el fortalecimiento del sistema de justicia y las ya conocidas posturas conservadoras de rechazo al aborto, al matrimonio igualitario y las deportaciones masivas. Adicionalmente tenemos a Evelyn Matthei, representante de la derecha tradicional (UDI + RN) con una propuesta más de centro y pragmática, dada su condición de economista con experiencia política, quien ha enfocado su campaña en la seguridad, pero también en preservar la estabilidad económica y apertura internacional con la cual pudiera atraer votantes moderados más allá de su base conservadora.
Cabe destacar que además de renovarse la presidencia, estas elecciones renovarán parte del Congreso, lo que conformará una nueva correlación de fuerzas institucionales, que condicionará el esquema de gobernabilidad política para los próximos años. Para entender este panorama electoral chileno del 2025, nos acompañó en este programa Nicolás Miranda Olivares. Politólogo e investigador chileno, experto en política comparada y con quien intentaremos examinar a los principales candidatos, sus plataformas, debilidades y fortalezas.Y en especial examinar los factores estructurales y sociales que están interpelados directamente en esta dinámica electoral.
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La reciente suspensión de la que sería la X Cumbre de las Américas, programada originalmente del 1 al 5 de diciembre de 2025 en Punta Cana, República Dominicana, marca un giro inédito en la historia de este foro hemisférico de jefes de Estado. Las autoridades dominicanas, en consulta con la Organización de los Estados Americanos (OEA) y con el respaldo declarado de Estados Unidos, explicaron que la decisión se basó en “profundas divergencias políticas” en el continente y las dificultades para garantizar un diálogo productivo bajo el actual contexto geopolítico. Una suspensión que no ocurre desde la primera Cumbre realizada en Miami en 1994.
El aplazamiento de este evento hasta el 2026, revela la magnitud de las fracturas políticas que atraviesan el hemisferio. Para algunos analistas, hay muchas razones para el desencuentro: desde la exclusión de regímenes autoritarios, hasta la poca capacidad de articulación regional, así como las preocupaciones que produce el despliegue militar estadounidense en el Caribe. Todo lo cual limita las posibilidades de alcanzar algún entendimiento y mucho menos un acuerdo ante una agenda común tan compleja y desafiante.
Y es que la Cumbre de las Américas desde sus orígenes ha sido concebida como el espacio para articular cooperación política, económica y social hemisférica, su diferimiento nos habla de un retroceso en la confianza para articular posiciones comunes frente a desafíos compartidos: migración, crimen organizado, cambio climático o subdesarrollo. En ese sentido, la región se encuentra ante la falta de un foro multilateral que permita amainar la polarización y renovar la institucionalidad internacional, ante una región que demanda respuestas conjuntas.
En este escenario de desconexión, en el que el multilateralismo vive sus horas más amargas cabrían varias preguntas: ¿cuál será el futuro de la política si ante la disparidad de puntos de vista la respuesta es la suspensión de este tipo de eventos? ¿Podemos avanzar en una agenda común solo si existe sintonía ideológica? Vivimos el prefacio de una etapa de mayor confrontación hemisférica? En este episodio intentaremos dar respuestas a estas interrogantes.
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Los resultados de las elecciones parlamentarias del pasado domingo 26 de octubre de 2025 en Argentina, representan una consolidación de la Libertad Avanza, la coalición política que lidera el Presidente Javier Milei. La gran sorpresa, fue que la alianza oficialista logró más del 40 % de los votos a nivel nacional, posicionándose como primera fuerza y logrando ganar en 15 de las 24 provincias. Este resultado le otorga una base parlamentaria mucho más sólida para los dos años que le quedan al gobierno. Un balón de oxígeno para reforzar las medidas de ajuste presupuestario y control fiscal que tanta resistencia tuvo por el peronismo desde el Congreso.
Unos resultados que más allá de su contundencia invitan a la reflexión de muchos matices, tanto en lo atinente a la participación, apenas del 68% una de las cifras más bajas en términos comparados. Por otra parte, cabe destacar que el oficialismo no tiene garantizada la mayoría absoluta en el Congreso, lo que plantea que la gobernabilidad seguirá dependiendo de negociaciones, alianzas puntuales y la capacidad de construir consensos, aunque no con el antagonismo legislativo que ha tenido durante la primera mitad de su mandato.
Para entender los principales rasgos del nuevo escenario político argentino nos acompañó en este episodio Luis Tonelli. Profesor e investigador en Ciencia política en la Universidad de Buenos Aires y experto en historia y presente del sistema político argentino. Con su apreciación intentaremos descifrar las implicaciones de estos resultados para las próximas etapas del gobierno de la Libertad Avanza. Cómo se reconfigura el mapa político argentino a nivel nacional y provincial, y qué lecciones podemos extraer desde la perspectiva democrática y ciudadana. De igual manera cabría preguntarse ¿qué perfil internacional asume la Argentina, después del respaldo financiero recibido por Donald Trump? ¿hacia dónde se encamina la Argentina de los próximos años?
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Dentro de las elecciones que cierran este año 2025 en la región, destacan los comicios en Honduras. Más de 6.5 millones de votantes están convocados a las urnas este 30 de noviembre para elegir presidente, los integrantes del Congreso Nacional y su representantes al Parlamento Centroamericano. En este episodio de Mirada Semanal, ponemos la lupa sobre el panorama electoral hondureño, un evento que pondrá a prueba en buena medida la madurez democrática del país. Unas elecciones cargadas de tensiones políticas, sostenida desconfianza institucional y una ciudadanía aquejada por problemáticas ya conocidas como la corrupción administrativa, la inseguridad ciudadana y el subdesarrollo económico, a pesar de las ambiciosas promesas del retorno de la izquierda durante el gobierno de Xiomara Castro.
Y es que desde las propias elecciones primarias del pasado mes de marzo, ya se han encendido las alarmas: irregularidades en el conteo, retrasos en la apertura de centros de votación y denuncias de manipulación de resultados han dejado al descubierto las fragilidades del propio sistema electoral. Aun con todo, partidos y candidatos afinan estrategias. Por una parte el oficialismo, apoya su campaña plantear la continuidad como una necesidad nacional y con ello garantizar la estabilidad que permita avances en su agenda de políticas sociales a través de la figura de Rixi Moncada. Sin embargo desde la oposición, se promete un cambio de rumbo para Honduras que para importantes sectores del electorado luce aún incierto. Lo cual se refleja en la fragmentación del voto opositor entre Salvador Nasralla y Nasri Asfura de acuerdo a las principales encuestas pre-electorales.
A esto se suma la observación internacional, que advierte sobre la vulnerabilidad institucional y los riesgos que esto conlleva en contextos de alta polarización social como es la Honduras del 2025. Dicho de otra manera, Honduras llega a esta cita electoral en un equilibrio frágil, donde el resultado podría redefinir no solo el liderazgo político, sino la propia salud democrática de las instituciones hondureñas. En este contexto, nos preguntamos ¿está Honduras preparada para un proceso electoral transparente, pacífico y legítimo, o se avecina una nueva crisis política en este país centroamericano? Para abordar esta cuestión nos acompañó Cecilia Rodríguez Balmaceda. Profesora de Ciencia Política en la Universidad de Burgos e Investigadora del Instituto de Iberoamérica (USAL). Forma parte del Proyecto Elites Parlamentarias de América Latina (PELA USAL), y del Proyecto Polarización afectiva en democracias avanzadas: el impacto de las élites políticas en la ciudadanía en España (ELITPOLAR) de la Universidad de Burgos. Una voz calificada sobre la historia, la política y el el panorama electoral hondureño actual.
Analistas:Manuel Alcántara SáezMaría Puerta RieraInvitada:Cecilia Rodríguez BalmacedaEdición y Conducción:Xavier Rodríguez FrancoSíguenos también en redes sociales:Twitter............................https://www.twitter.com/Latinoamerica21Facebook.......................https://www.facebook.com/Latinoamerica21Instagram.......................https://www.instagram.com/Latinoamerica_21LinkedIN.........................https://ar.linkedin.com/company/latinoamerica21Apóyanos aquí:Anchor.....................https://podcasters.spotify.com/pod/show/latinoamerica21/support
La reciente concesión del Premio Nobel de la Paz a María Corina Machado, constituye un histórico reconocimiento que trasciende su figura personal y coloca nuevamente a Venezuela en el centro del debate global sobre la lucha por la recuperación democracia y en especial la resistencia cívica en contextos autoritarios. El anuncio del Comité Nobel como es ya costumbre, ha generado una ola de reacciones: entusiasmo entre los sectores democráticos dentro y fuera del país por una parte, por la otra irritación e inquietud en el gobierno de Nicolás Maduro cada vez más aislado en su afán de perpetuidad en el poder. Un premio que refuerza la importancia que tiene el papel del liderazgo femenino en las luchas políticas de nuestro continente. En este sentido, Machado más que un símbolo de la oposición política venezolana, representa también una de las voces más firmes contra el autoritarismo y el deterioro democrático que aqueja la vida política contemporánea. Asimismo, este galardón destaca la importancia del activismo no violento y la persistencia de una sociedad civil que, pese al exilio, la represión y la censura, sigue apostando por un cambio democrático tal como lo demostró en 2024.
En el actual contexto geopolítico en el que se encuentra Venezuela ¿qué implicaciones concretas tiene este premio Nobel? ¿Podrá traducirse en nuevas oportunidades para la oposición venezolana de recuperar la democracia? ¿O será más bien un reconocimiento, sin efectos prácticos inmediatos para su causa? Y es que detrás del premio hay algo más que una medalla y un diploma: hay una pregunta urgente sobre el futuro de la lucha política en uno de los países más golpeados, pero también más resistentes de la región.
Para examinar el complejo tablero geopolítico en el que este premio es otorgado, nos acompaña en este programa Juan Manuel Trak. Politólogo venezolano, Doctor por la Universidad de Salamanca y experto en análisis cuantitativos de datos aplicados a la política. Con su respaldo analítico nos adentraremos en el marco de las crecientes tensiones entre el despliegue militar estadounidense en el caribe y el atrincheramiento del régimen de Nicolás Maduro en Venezuela.
Analistas:Invitado:Edición y Conducción:
El pasado 9 de octubre de 2025, una vez más el Congreso fue epicentro de una nueva moción de vacancia. Un nuevo episodio en la convulsa historia política contemporánea del Perú. Tras conseguirse por una abrumadora mayoría de 122 votos de 130 legisladores, se dictamina la destitución inmediata de la presidenta Dina Boluarte, quien habría sido declarada en situación de “incapacidad moral permanente”. Siete presidentes en los últimos nueve años. En el caso particular de la caída de Boluarte se produce tras años de crisis social y de seguridad que erosionaron su legitimidad: protestas multitudinarias —especialmente en las zonas rurales—, acusaciones por uso excesivo de la fuerza en la represión, investigaciones penales en curso por presunto enriquecimiento ilícito, y escándalos recientes como el conocido “Rolexgate” por relojes y joyas costosas no declaradas.
Además, se le reprocha a su gobierno la improvisación y en especial su incapacidad para frenar la ola creciente de criminalidad, con el sicariato, extorsión y violencia callejera como realidades cada vez más comunes. El proceso parlamentario fue rápido: Boluarte emitió un mensaje a la nación pregrabado desde el Palacio de Gobierno en el que aceptaba su destitución, sin embargo, su alocución fue interrumpida abruptamente por los canales de televisión en el momento en que comenzó a enumerar logros o hacer un balance de su gestión. Minutos más tarde abandonó el palacio presidencial quien habría sido la primera mujer en ocupar la presidencia de su país.
El nuevo liderazgo interino recae sobre José Jerí, presidente del Congreso, quien asume la presidencia del país hasta la convocatoria de elecciones generales en abril de 2026. Una nueva transición política que se da en un contexto llenos de desafíos para restaurar confianza social, reforzar la seguridad ciudadana y en especial reponer una clase política cada vez más fragmentada.
Analistas:Manuel Alcántara SáezMaría Puerta RieraEdición y Conducción:Xavier Rodríguez Franco.
Durante la Asamblea General de las Naciones Unidas celebrada en Nueva York del 9 al 28 de septiembre de 2025, América Latina tuvo una presencia notable y diversa. Reflejando una vez más heterogeneidad ideológica y política de la región. Presidentes, cancilleres y ministros de casi todos los países latinoamericanos se dieron cita para exponer sus principales preocupaciones, desde los conflictos internacionales hasta la reforma institucional del propio sistema de la ONU. Varios mandatarios denunciaron la inacción de la comunidad internacional en grandes conflictos como el de Gaza y llamaron a una respuesta más firme frente al sufrimiento de miles de civiles. Más allá de las diferencias políticas, el mensaje común fue la defensa del principio de paz, considerado pilar fundacional del organismo multilateral.
Por otra parte, el cambio climático ocupó también un lugar central para las voces latinoamericanas. Países como Colombia o Costa Rica insistieron en la urgencia de la acción colectiva y la necesidad de una financiación justa para mitigar sus efectos. La región se mostró consciente de su vulnerabilidad ante los desastres naturales, las amenazas a la biodiversidad y de su rezago en la transición hacia economías más sostenibles. Otro de los aspectos notorios en el debate, fue la reforma de la ONU, impulsada por la iniciativa ONU80. Varios Estados, entre ellos Panamá, Perú y República Dominicana, coincidieron en la importancia de modernizar la organización, reducir la burocracia y revisar el poder de veto en el Consejo de Seguridad, entre otras limitantes que presenta esta organización mundial.
Adicionalmente, se abordaron temas como el crimen organizado, controles migratorios y la regulación de la inteligencia artificial. Aunque esta última recibió menos atención, Costa Rica advirtió sobre los riesgos de la desinformación y los ciberataques. En este sentido, si bien América Latina proyectó una imagen activa, crítica y dispuesta a participar en la renovación del orden multilateral, sigue evidenciando su poca capacidad de articulación como bloque regional. Tema que analizaremos en detalle en este episodio de Mirada Semanal.
Analistas:Edición y Conducción:
En la vida social de nuestro tiempo cada vez es más frecuente la proliferación del extremismo y la violencia política, y especialmente el fenómeno de la desinformación se ha convertido en uno de los principales desafíos para el funcionamiento de las democracias. Si bien la manipulación informativa no es un fenómeno nuevo, su impacto y proliferación se ha intensificado en las últimas décadas debido a la expansión de las redes sociales y la fragmentación de los espacios de debate público. La complejidad de la desinformación no se limita a la difusión de noticias falsas, sino que involucra también la tergiversación de datos ciertos, el uso selectivo de la información y la amplificación de narrativas polarizantes que erosionan la confianza ciudadana en las instituciones.
Y es en ese contexto social, en el que la información que alimenta el debate público se contamina por noticias engañosas. Los ciudadanos enfrentan serias dificultades para evaluar opciones políticas, formarse un criterio propio y participar con confianza en la vida pública. Y es que la desinformación condiciona la acción colectiva, debilita los consensos básicos y lamentablemente fomenta la radicalización ideológica, como lo hemos evaluado en episodios anteriores. Considerando además, que las redes sociales han sido diseñadas para maximizar el tiempo de uso, terminan favoreciendo la propagación de mensajes sensacionalistas o polarizantes por encima de contenidos verificados y contrastados. Creándose consigo un ambiente comunicacional en el que las emociones y las percepciones tienden a imponerse sobre los hechos, favoreciendo la creación de burbujas informativas en las que los usuarios quedan expuestos principalmente a aquello que refuerza sus creencias previas. Fomentando consigo una mayor fragmentación social y restringiéndose la posibilidad de establecer un debate democrático abierto, plural y constructivo.
Para examinar cuáles pudieran ser las mejores prácticas para navegar esta desinformación, nos acompañó en este episodio Raisa Urribarri. Periodista e investigadora venezolana en el CIEPS, cofundadora del capítulo local de Internet Society. Con su apoyo analítico, intentaremos entender los orígenes y alcances de este fenómeno social y en especial como fortalecer la educación digital de los ciudadanos y construir espacios de deliberación democrática.
Analistas:
Invitada especial:
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Durante los últimos días buena parte de la opinión pública ha puesto en evidencia, la profunda y peligrosa división política que persiste en la sociedad estadounidense, tras el trágico asesinato del activista Charlie Kirk, en un campus universitario de Utah. Un nuevo episodio mortal de violencia política, que ocurre en una nación en la que la polarización extrema alcanza unos registros de asesinatos e intentos de homicidios, desconocidos en los últimos sesenta años. Un reflejo inequívoco del deterioro de la democracia y en especial de la cultura de tolerancia y pluralidad. Situación que, como hemos reseñado en otros episodios de Mirada Semanal, lamentablemente tiene precedente en otros países, incluyendo a nuestra región. Tal como ha ocurrido el reciente asesinato del senador Miguel Uribe en Colombia, el candidato presidencial Fernando Villavicencia en Ecuador o la alcaldesa Martha Laura Mendoza México, entre otros casos en toda América.
Y es que cuando las instituciones democráticas y el espacio público no pueden contener a los extremismos, el debate se limita y los discursos predominantes trivializan la narrativa y los actos de odio, la violencia se instala con funestas consecuencias. Lamentablemente la violencia política se ha hecho práctica habitual en nuestros días. Desde la vandalización en las protestas, los escraches a las figuras públicas, la brutalidad represiva policial selectiva, las agresiones a la prensa, los parlamentarios insultándose, hasta los discursos estigmatizantes que emplean muchos presidentes en funciones. Creándose una narrativa sectaria y excluyente, que identifica a la discrepancia o a la divergencia, como enemigos públicos.
En este sentido, ¿qué origina y alienta esta violencia política en nuestras sociedades? ¿qué mecanismos de contención podría plantearse desde las instituciones democráticas? y en especial, ¿qué pudiéramos hacer los ciudadanos para desarmar el discurso y las narrativas de odio que predominan en la conversación política de nuestra cotidianidad?
Recientemente se celebró en México el XIII Congreso Internacional de Ciencia Política en las instalaciones de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) Ciudad de México. Un encuentro académico en el que además de abordar los temas clásicos como políticas públicas, partidos políticos y elecciones, se abordaron otros que dan cuenta de nuevos desafíos que atañen a la sociedad política de nuestro tiempo. Todo lo cual nos lleva a plantearnos, ¿qué capacidad de respuesta puede llegar a tener la academia en contextos políticos, como el mexicano en otros de alta polarización, desafección política y desinstitucionalización democrática? ¿Qué papel tiene la academia en México en términos de mejora a la cultura política?
Cuestiones de gran pertinencia, no tan solo en el caso de México, sino a nivel hemisférico tales como la corrupción, migraciones o los usos de la inteligencia artificial en la política. Para entender la actualidad y pertinencia de esta relación entre política y academia en México nos acompaña una vez más Azul Aguiar-Aguilar. Profesora de Ciencia Política de la Universidad de Guadalajara, Dra por la Universidad de Florencia y experta en teorías de la democracia, instituciones políticas y política judicial comparada. Desde 2023 presidenta de la Asociación Mexicana de Ciencia Política y organizadora de este Congreso. Con su reseña de este evento intentaremos examinar la actualidad de la disciplina en el difícil contexto de deterioro democrático que vivimos en la región.
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La noche del pasado domingo 07 de septiembre, en voz del propio presidente Javier Milei se consuma la derrota política más importante en lo que va de mandato. Los resultados de las elecciones provinciales, especialmente en la de Buenos Aires, fueron contundentes. Y es que el partido Fuerza Patria resultaría ser la fuerza política más votada con el 50%, mientras que el partido de Milei, La Libertad Avanza conseguiría el segundo lugar con el 31%. Unos comicios políticamente trascendentes considerando que además de tratarse de la provincia electoralmente más grande del país, ocurre a pocas semanas de las elecciones legislativas de mitad de mandato de octubre próximo. Una derrota sin atenuantes, que deja importantes mensajes políticos tanto para el oficialismo como para la oposición.
En esta contienda destaca la figura de Axel Kicillof, gobernador de Buenos Aires y principal protagonista de una reactivación del peronismo, el cual sigue en su búsqueda por la renovación política desde la oposición. Sin embargo, desde su mensaje de festejo, Kicillof no desaprovechó la ocasión para agradecer a sus electores y en particular, a la ex-presidenta Cristina Kirchner, a pesar de su probada responsabilidad y condena por la corrupción política. Lo cual en buena medida impulsó considerablemente el respaldo electoral hacia Milei y su movimiento libertario. En este contexto cabría preguntarnos ¿cuáles serían los mensajes del electorado más importantes de estos comicios? ¿Qué capacidad tendrá el gobierno de Milei para encajar la derrota y gestionar nuevas estrategias de gobernabilidad con en una oposición reforzada? Por otra parte, con lo ocurrido en esta elecciones provinciales ¿la fórmula política «Fuerza Patria» en Buenos Aires, será la respuesta suficiente para que el peronismo pueda contener políticamente los dos años que le quedan a Milei?
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A lo largo de los últimos días se ha incrementado la presencia naval estadounidense en las inmediaciones de las costas venezolanas, tensionando aún más la compleja geopolítica del Caribe. Y es que recientemente los EEUU calificó el sobrevuelo de dos aviones F-16 venezolanos cerca de uno de sus destructores como "una acción altamente provocadora", la cual se produce pocos días después de la destrucción de una embarcación presuntamente destinada al tráfico de drogas que se dirigía a Trinidad y Tobago. Todo lo cual aumenta la presión política y militar sobre el régimen de Maduro y sus actividades ilícitas en la región.Incidentes en el plano militar, que ocurren al mismo tiempo en el que se registran distintas respuestas diplomáticas de otros países del Caribe, Centro y Sudamérica con respecto a las operaciones antinarcóticos de EEUU. Tal como el propio Secretario de Estado Marco Rubio ha destacado en su reciente visita a Ecuador y México. En este contexto cabría preguntarse ¿qué elementos de doctrina militar tiene la política exterior estadounidense en su confrontación con el régimen de Maduro? ¿qué implicaciones geopolíticas deben tener en cuenta los gobiernos de la región? y en especial ¿qué nivel de efectividad pudiera llegar a tener este despliegue militar a efectos de un cambio político en Caracas?Para examinar las particularidades que tiene la geopolítica del Caribe, nos acompañó para este episodio Víctor Mijares. Politólogo internacionalista, profesor e investigador de la Universidad de los Andes (Uniandes) quien ha dedicado buena parte de su actividad profesional a los estudios de seguridad internacional, política exterior y regímenes autoritarios. Fundador además de Geostrategos, un laboratorio dedicado a la enseñanza y capacitación en análisis de riesgo global. Con su respaldo analítico, intentaremos explicar el contexto geopolítico y el alcance de estas crecientes tensiones entre Washington y Caracas.Analistas:Manuel Alcántara SáezMaría Puerta RieraInvitados:Víctor MijaresEdición y Conducción:Xavier Rodríguez Franco.
Las aguas del caribe oriental han sido en los últimos días el escenario de un importante despliegue militar estadounidense que incluye al Grupo Anfibio de Despliegue Inmediato y varios destructores con capacidad misilística tipo Arleigh Burke. Una movilización que además incluye 4.500 soldados y hasta un submarino nuclear que además de fortalecer su presencia naval contra los cárteles de drogas que operan en el Caribe, buscan elevar la presión contra el régimen de Nicolás Maduro.
Si bien la naturaleza de este despliegue militar no sugieren operaciones de desembarco u ocupación en territorio venezolano, representa una exhibición de fuerza sin precedentes en las ya tradicionales tensiones entre Washington y Caracas. Un ejercicio de coerción contra uno de los régimen más represivos del hemisferio y su red internacional de negocios ilícitos, el cual pudiera además profundizar las fisuras del propio régimen venezolano.
Y es que desde 15 de marzo de este año, el presidente Donald Trump invocando la Ley de Enemigos Extranjeros comenzó un proceso de deportación masivo de ciudadanos venezolanos acusados de formar parte del Tren de Aragua. Incluida en la lista de organizaciones terroristas, acusada de invadir territorio estadounidense. Lo cual presagiaba una nueva escalada de tensiones bilaterales, negociaciones fallidas, nuevas sanciones y un despliegue militar en sus costas. En este sentido, cabría preguntarnos ¿qué alcance real tendrá esta movilización marítima? ¿qué objetivos estratégicos busca la administración Trump? ¿estamos frente a una posibilidad real de cambio político en Venezuela?
Analistas:
Manuel Alcántara Sáez
María Puerta Riera
Edición y Conducción:
Xavier Rodríguez Franco.
Tras dos décadas de hegemonía política de la izquierda, en Bolivia se ha consolidado un cambio político histórico a través del voto. Más 6.9 millones de bolivianos el pasado domingo 17 de agosto escogieron un panorama político diferente en el que el Movimiento Al Socialismo (MAS) partido hegemónico de la izquierda boliviana, consigue su mayor derrota electoral y con ello buena parte de su influencia en el nuevo panorama político, que terminará de definirse en segunda vuelta para el mes de octubre. Para el balotaje se presentarán el senador Rodrigo Paz Pereira, del Partido Demócrata Cristiano quien obtuvo el 32% de los votos, y el expresidente Jorge Tuto Quiroga con otro 27% de los sufragios.
Un nuevo esquema en el que sorprende la figura de Rodrigo Paz Pereira, hijo del expresidente Jaime Paz Zamora, ya que en la mayor parte de los sondeos de opinión no figuraba como opción clara para pasar a la segunda vuelta. Cabe destacar que en tercer lugar, con más de un 20% del electorado, está el candidato liberal Samuel Doria quien con su posible adhesión, pudiera ser un factor decisivo los próximos días.
Para entender los pormenores del nuevo mapa político boliviano que comienza a configurarse con esta elección, nos acompañó Franz Flores. Politólogo profesor e investigador de la Universidad San Francisco Xavier en Sucre, Bolivia. Articulista en L21 y Doctor en Ciencias Sociales con mención en Estudios Políticos por FLACSO-Ecuador. Con su apoyo analítico, destacaremos las principales claves de este cambio político, las explicaciones de este desplome electoral del MAS, así como también cuáles son las propuestas de los candidatos que siguen en carrera.
Analistas:
Invitado:
Edición y Conducción:
Un total de 12 años de prisión domiciliaria, inhabilitación para el ejercicio de funciones públicas y multa aún por determinar, fue la sentencia contra Uribe Vélez conocida el pasado 01 de agosto. Una condena que si bien, ha sido apelada por parte de la defensa del expresidente representa una conmoción importante en la escena política colombiana, habida cuenta especialmente las reiteradas alusiones que ha hecho sobre el proceso judicial el Presidente en funciones de Gustavo Petro.
Fraude procesal y soborno de testigos, fueron los cargos de los que se determinó culpable. Entretanto, las tensiones entre detractores y defensores del ex-mandatario, se hicieron presente fuera del juzgado, del que se ha conocido como el "siglo del juicio". A partir de ahora, será el Tribunal Superior de Bogotá el que en las próximas semanas deberá estudiar la documentación del recurso de apelación, en el que con toda certeza se incluirán las diferentes irregularidades sobre el proceso judicial en el que se ha podido constatar parcialidad, especialmente en el manejo de la carga probatoria.
Sin embargo, ya hay una sentencia en firme cuyos efectos políticos ya se han hecho sentir en la opinión pública. Para abordar un complejo contexto político signado además por la reiterada violencia política, nos acompañó en este episodio Iván Garzón. Abogado, profesor universitario, investigador y escritor, quien ha dedicado buena parte de su labor profesional a conocer las raíces históricas de la violencia política en Colombia. Con su perspectiva analítica examinaremos a fondo los efectos de este fallo, así como también las implicaciones que tendrá para la oposición política de Petro, de cara a las elecciones del año 2026.
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