
Chile enfrenta una emergencia silenciosa: la obesidad pasó de 10,1% a 30,7% en diez años, consolidando un récord que compromete el futuro sanitario del país. Más que decisiones individuales, este fenómeno revela fallas estructurales en políticas públicas, acceso a alimentos saludables y prevención efectiva. Mientras los ultraprocesados son baratos y omnipresentes, comer sano sigue siendo un privilegio. La nutrición continúa tratándose como un tema estético y no como una prestación básica de salud. Las consecuencias ya son evidentes: más diabetes, enfermedades cardiovasculares y un sistema sanitario bajo presión. Si no se actúa ahora, la próxima década no solo será más obesa, sino también más enferma, más desigual y más cara para todos.