
Estamos en 1970. México es el anfitrión de la Copa del Mundo, y este no es un Mundial cualquiera.
Es el primero que se transmitirá a todo el planeta vía satélite y en color. Esto significaba que el sorteo, realizado meses antes, tenía que ser, por sí mismo, un espectáculo digno de la nueva era de la televisión global.