
Estamos a finales de 1985. Solo 18 meses antes, el mundo se enteró de que México reemplazaría a Colombia como anfitrión de la Copa del Mundo.
Esto obligó a la FIFA y a México a organizar el sorteo final con una rapidez y una presión inéditas. El evento no podía fallar, tenía que demostrar que el país estaba listo para la titánica tarea.