Para el episodio de hoy nos acompaña Ricardo Rea, gladiador mexicano que nos lleva a uno de los territorios más incómodos del MMA: el punto exacto donde la conciencia se apaga, pero el cuerpo sigue peleando. Ricardo relata uno de los momentos más extremos de su carrera, cuando un golpe lo desconecta dentro de la jaula y aun así continuó avanzando, derribando y luchando en automático.
Ricardo reflexiona sobre el instinto, la preparación y el verdadero costo del combate. Nos habla de la sangre, del dolor que no se puede mostrar, de la presión de no dar un paso atrás y también de cómo el tiempo dentro de la jaula se distorsiona, cómo un minuto puede sentirse eterno y cómo, cuando la mente regresa, debe tomar el control antes de que el ego arruine todo. Este episodio expone una verdad poco hablada, pues el pelear no siempre es atacar, a veces es saber frenar.
La historia de Ricardo no nace en la jaula, sino en el tatami. Desde sus años formativos en el jiu-jitsu, enfrentando a rivales considerados prodigios y compitiendo lejos de los reflectores, aprendió que el talento ajeno no define tu destino. Habla del peso psicológico de sentirse inferior antes de empezar, de la disciplina como único igualador y de la importancia de construir una carrera con criterio, no con prisa. Este episodio es el retrato de un gladiador que entiende que el mayor rival no siempre está enfrente, sino dentro. Una historia cruda sobre conciencia, identidad y supervivencia en el camino al alto nivel.
Hoy nos acompaña Juan Ramírez, peleador y coach mexicano que encontró en el MMA no solo una profesión, sino el eje sobre el que gira toda su vida: su familia, su fe, su vocación y su misión de cambiar destinos. Lo que comenzó como un deporte improvisado a los 17 años, peleando a escondidas de su madre después de solo tres meses de entrenamiento, terminó convirtiéndose en el camino que lo alejó de fiestas, malas amistades y un rumbo que pudo haber sido trágico. Este episodio revela la historia de un hombre que sobrevivió a su propio entorno y eligió reinventarse a través de la disciplina.
Juan relata cómo el gimnasio se volvió su hogar sin darse cuenta, haciendo que todo en su vida naciera del mismo núcleo; con una esposa peleadora, un hijo creciendo entre tatamis y una carrera que lo llevó a estudiar nutrición para cortar peso sin destruirse. Encontrando también amistades, proyectos y sueños que están amarrados al arte de pelear. Juan no solo construyó un camino sino que también lo caminó mientras obraba frente a sus pies. “Dios y la vida me lo pusieron”, repite, reconociendo que la disciplina lo ordenó, pero el sentido llegó de otro lugar.
También nos platica sobre el orfanatorio Puerta de Fe, donde una clase suelta terminó transformándose en un proyecto real. Ahí, Juan y su esposa entrenan a niños con historias duras, dotando de propósito a jóvenes que habían sido llenados de promesas vacías. Más que un coach, Juan se ve a sí mismo como un puente entre la oscuridad y la disciplina, entre el caos y el propósito, entre niños que no eligieron su historia y un futuro que sí pueden construir. Para él, el MMA no es violencia, sino estructura, identidad y un espacio donde un golpe no destruye, sino enseña.
¿Cómo cambiaría tu propósito si descubrieras que el verdadero triunfo no está en la jaula, sino en transformar a otros?
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Para el episodio de hoy nos acompaña Brandon “El Prendido” González, gladiador mexicano de Zacatecas cuya vida siempre estuvo marcada por un carácter "prendido". Desde niño se encendía al menor empujón llegando a pelear con rivales más grandes que él, hasta que un coach bautizó esa intensidad con el apodo que hoy lo acompaña en cada batalla: El Prendido.Brandon recuerda sus primeros pasos en el MMA con la misma honestidad con la que ha enfrentado cada reto. Al inicio rechazaba el jiu-jitsu porque prefería los golpes y las patadas, pero el tiempo y la disciplina le enseñaron que ser peleador completo significaba abrazar todas las áreas. Sus primeras competencias en Zacatecas y Monterrey estuvieron llenas de nervios, incluso de parálisis al subir a la jaula, pero también de victorias que lo llevaron a soñar en grande.El debut “no oficial” llegó en las Malilla Fights, donde consiguió a un rival de último minuto y lo noqueó con rodillazos. Años más tarde, cumpliría uno de sus sueños al debutar profesionalmente en Combate Global. Pero como en toda historia de gladiador, también llegaron los golpes que no se ven: fracturas, derrotas, noches de hospital y silencios profundos donde pensó en abandonar todo, al haber dejado casa y estudios a cambio de sufrimiento y dolor.El punto de quiebre fue su decisión de dejar Zacatecas y mudarse a Tijuana. Lo que al inicio iba a ser solo un campamento, se convirtió en una nueva vida. Marcada por el nivel, la disciplina y la compañía de entrenadores y compañeros que lo empujaron día a día a ser un mejor peleador. Hoy, Brandon reconoce que esa decisión lo transformó: su disciplina en el entrenamiento, en la alimentación y en su vida diaria lo llevaron a crecer no solo como peleador, sino como hombre.Con un récord profesional positivo Brandon “El Prendido” González sigue construyendo su camino con la mira puesta en las ligas más grandes del mundo. Su historia es un recordatorio de que los sueños no se cumplen con facilidad, sino con sacrificio, caídas y la capacidad de prender fuego cada vez que parece que todo se apaga.¿Qué tanto estás dispuesto a dejar atrás para encender la mejor versión de ti mismo?
Hoy nos adentramos en la historia de Eidy “The Talent” Macías, gladiadora ecuatoriana que transformó el dolor en carácter y la adversidad en una vida dedicada al combate. Su camino no comenzó en un gimnasio de lujo ni bajo reflectores, sino en los pasillos de una escuela donde sufrió bullying y soledad, hasta que las artes marciales se convirtieron en su refugio y en la forja de su identidad.Del tatami de taekwondo a los encierros del jiu-jitsu, Eidy descubrió que la disciplina era la mejor defensa contra un entorno hostil. Muy pronto, esa adolescente que se sentía diferente encontró en el MMA no solo un deporte, sino un propósito. No quería ser una peleadora limitada a un estilo; quería ser completa, aprender de todo, arriesgarlo todo. Esa búsqueda la llevó a romper con entrenadores, cambiar de gimnasios y desafiar estructuras cerradas que pretendían detener su crecimiento.Su debut profesional en plena pandemia mostró su temple, pero lo que realmente marcó su carrera fue su experiencia en Brasil. Vendió todas sus pertenencias para entrenar en Río de Janeiro y terminó viviendo en una favela, donde el ambiente era tan peligroso como formativo. Entre golpes de bienvenida, calles vigiladas y jornadas extenuantes, Eidy encontró respeto y pertenencia; aprendiendo que la incomodidad y la dureza del entorno podían convertirse en motor de resiliencia y fortaleza.Peleando en Ecuador, Perú y Brasil, acumuló victorias y aprendizajes que hoy la convierten en una de las voces más auténticas del MMA latinoamericano. Para ella, cada rival es un rompecabezas al que debe adaptarse, anticipar y resistir, factores que son tan importantes como golpear. Su historia es un testimonio vivo de que el verdadero éxito no nace en la comodidad, sino en la capacidad de levantarse en cada caída.Este episodio no solo retrata la carrera deportiva de Eidy Macías, sino la vida de una mujer que convirtió la adversidad en arma y la incomodidad en escuela. Una gladiadora que no pelea solo en la jaula: pelea contra la vida misma, convencida de que cada batalla la acerca a su destino.¿Cuánto vale tu sueño cuando lo único que tienes para apostar es todo lo que eres?