La fe verdadera no ignora las dudas, pero decide esperar en Dios. El Salmo 42 nos recuerda dónde descansar cuando el alma se siente abatida.
Cuando la espera se alarga, el corazón duda. El Salmo 13 nos recuerda que Dios no se olvida de nosotros, ni siquiera en el silencio.
Dios no apaga nuestra pasión; la redirige hacia su propósito. Hechos 9 nos recuerda que un encuentro con Jesús lo cambia todo.
Cuando todo parece irreparable, Jesús nos recuerda que para Dios nada es imposible. Mateo 19 nos devuelve la esperanza.
No todo lo que hacemos nace de una motivación correcta. 1 Reyes 8 nos invita a vivir con un corazón inclinado hacia Dios.
Jesús se apartaba para orar aun en medio de grandes demandas. Mateo 14 nos recuerda que el tiempo a solas con Dios renueva el corazón.
La esperanza de Dios se manifiesta con más fuerza en nuestra fragilidad. 2 Corintios 4 nos recuerda que el tesoro brilla a través de vasijas de barro.
Cuando el apetito espiritual se pierde, Dios nos vuelve a alimentar con su Palabra. Nehemías 8 nos recuerda que el deseo se despierta al escuchar.
El cambio verdadero no nace del esfuerzo, sino de caminar guiados por el Espíritu. Gálatas 5 nos invita a dejar lo viejo y cultivar lo nuevo.
Dios oye incluso cuando no tienes palabras. La historia de Ana en 1 Samuel 1 nos recuerda que el cielo escucha las oraciones silenciosas.
Cuando Dios promete, no lo hace según nuestros límites. Génesis 18 nos recuerda que nada es demasiado difícil para Él.
Dios decide dónde habitar, y su presencia transforma el lugar. El Salmo 87 nos recuerda que donde Dios mora, hay identidad y propósito.
El amor es la evidencia más clara de que conocemos a Dios. 1 Juan 4 nos confronta con una fe que se demuestra amando a otros.
Dios no corrige al cansado, primero lo sostiene. 1 Reyes 19 nos recuerda que antes de avanzar, Dios nos alimenta y nos cuida.
El tiempo en la fe no siempre equivale a madurez. Hebreos 5–6 nos confronta con el llamado a crecer y avanzar espiritualmente.
Nuestra identidad en Cristo define cómo vivimos en medio del sistema. 1 Pedro 2:9–10 nos recuerda que fuimos llamados a vivir distinto.
Cuando todo cambia, la verdad permanece. 2 Timoteo 3 nos recuerda que la Escritura no se adapta a la cultura, nos forma para vivir en ella.
El nacimiento de Jesús no fue simbólico: partió la historia en dos. Lucas 2 nos recuerda que Dios entra en lo cotidiano para transformarlo todo.
Dios no se revela primero a los importantes, sino a los disponibles. Lucas 2:8–20 nos recuerda que el cielo ve a los olvidados.
La salvación verdadera no se queda callada. Salmo 98 nos recuerda que cuando Dios obra, el gozo se expresa.