En este episodio no hablamos de grandes gestos, sino de algo mucho más sencillo y más difícil: mirar a los tuyos. Mirar al que vive contigo, al que ves todos los días, pero al que a veces ya no ves de verdad.
Porque también en la familia hay cansancio, silencios, heridas pequeñas y personas que pueden sentirse invisibles. Y tal vez esta Navidad -o cualquier día- el regalo más grande no sea hacer más cosas, sino detenerte, levantar la mirada y hacer que alguien vuelva a existir en tu casa.
Hay realidades que preferimos no mirar. No porque no existan, sino porque mirarlas nos incomoda y nos saca de nuestra zona de control. La pobreza -en sus muchas formas- suele confrontarnos más de lo que estamos dispuestos a admitir.
Este episodio no invita a hacer más, sino a mirar mejor. Inspirado en una exhortación del Papa León XIV, propone una idea sencilla y exigente: la primera forma de ayuda no es la acción, sino la mirada. Porque solo cuando dejamos de pasar de largo, el otro vuelve a ser una persona.
En este último episodio de la serie, vamos más allá de gestionar la tristeza: descubrimos lo que revela de ti mismo. Desde una mirada más humana, exploramos cómo la tristeza señala tus amores, tus heridas, tus límites y tus anhelos más profundos.
Aprenderás a escucharla sin miedo, a dejar que te hable de lo que realmente valoras y de lo que necesitas ordenar o sanar. Cerramos con una reflexión final decisiva: qué te dice tu tristeza sobre quién eres y hacia dónde te llama a crecer.
Un episodio para quienes quieren comprenderse mejor y volver a caminar con más verdad, más paz y más esperanza.
La tristeza no es un enemigo: es un aviso. En este episodio exploramos cómo, cuando algo duele, la verdadera salida no es distraerse ni endurecerse, sino descubrir la verdad que esa tristeza está señalando. Hablamos de heridas, pérdidas y frustraciones cotidianas, y de cómo escucharlas puede ordenar la vida, devolver la paz y abrir un camino más auténtico.
A veces creemos que ser fuertes es no molestar a nadie.
Pero Santo Tomás propone un remedio distinto: no cargar la tristeza solo.
En este episodio descubrimos por qué la presencia de un amigo —sin discursos, sin soluciones— puede transformar el dolor. Porque hay cargas que no se quitan… pero sí se comparten.
Tal vez te parezca extraño, pero uno de los remedios contra la tristeza, según Santo Tomás, es… llorar.
Nos enseñaron a contener las lágrimas, a esconderlas como si fueran un signo de debilidad. Pero detrás de ese gesto tan humano hay una sabiduría profunda. Llorar no cambia lo que pasó, cambia lo que pasa dentro de ti. En este episodio descubrimos cómo las lágrimas alivian, reconcilian y, de un modo misterioso, curan.
Todos cargamos con pequeñas tristezas: las que no gritan, pero se notan. Y cuando llegan, uno pensaría que la receta es rezar más, hacer penitencia o simplemente aguantar.
Pero Santo Tomás tenía otra idea, un plot twist que sorprende, descoloca… y cambia la forma en que entendemos lo que realmente puede levantar el ánimo.
Un episodio sobre un remedio tan simple que cuesta creerlo.
A veces no es depresión ni cansancio: es tristeza, entenderla es el primer paso para encauzarla.
La tristeza no siempre es mala. Es una reacción natural, muy humana, pero si se instala en el alma, se vuelve una enfermedad del corazón.
En este primer episodio descubrimos qué es realmente la tristeza, por qué puede volverse peligrosa y cómo comienza el "buen combate" para transformarla en crecimiento interior.
En este cierre de serie hablamos de una ternura que empieza por dentro: aprender a mirarte sin dureza, sin autoengaños y sin comparaciones. Quererse no es justificarse ni vivir mintiéndose a uno mismo con el “así soy”, sino reconciliarte con tu historia, reírte de tus defectos, descansar sin culpa y seguir intentando mejorar sin odiarte por lo que no sale.
Porque no se trata de amor propio barato, sino de respeto real por ti mismo: reconocer que también necesitas cuidado, perdón y humor para seguir creciendo.
(Y sí, este episodio se llama así porque a veces hace falta decirlo con fuerza, como me dice mi papá cuando no lo hago: ¡quiérete, coño!)
Un gesto sencillo, casi íntimo... como la ternura misma. Hablamos del amor en pareja cuando se vuelve gesto, mirada, cuidado cotidiano.
La ternura no es un "extra" ni un sustituto del deseo, sino la forma en que el amor se hace cuerpo todos los días. Descubrimos que amar con ternura no debilita la pasión: la vuelve más humana, más libre, más real.
Este episodio no tiene intro. Un detalle mínimo, pero también una forma de ternura: hemos dejado que la voz llegue sin adornos, tal como es.
Hablamos de esa fuerza suave que mantiene unidas a las familias y a los amigos, incluso cuando hay tensiones, silencios o heridas. La ternura es el aceite que suaviza, el tono que calma, la palabra que llega a tiempo. Gestos simples -una llamada, una mirada, un "¿cómo estás?" sincero- que reconstruyen la confianza y hacen que los vínculos duren.
Cuando escuchamos la palabra “suavidad” o “delicadeza”, pensamos en fragilidad. Pero en realidad, ahí se esconde una de las fuerzas más transformadoras de la vida. En este episodio descubrimos por qué lo humano se hace más grande cuando se mezcla firmeza con delicadeza, y cómo esos gestos sencillos tienen un poder capaz de cambiar relaciones enteras.
No decir “gracias” parece algo pequeño, pero puede lastimar mucho. Cuando alguien olvida los favores que recibió o no valora a quienes lo ayudaron, termina alejando a los demás. En este episodio hablamos de cómo la falta de gratitud afecta la amistad, la familia y hasta la vida diaria, y de la importancia de aprender a agradecer siempre, y de cómo el ingrato sufre porque vive vacío y solo, incapaz de disfrutar lo recibido ni de mantener cerca a quienes lo ayudan.Publicado originalmente el 12 de julio de 2021 con el título "Ingrato".
La vida social es parte de nuestra realidad: cumpleaños, reuniones, antros, comidas con amigos... lugares que muchos creen espacios donde Dios no entra. Pero, ¿y si justo ahí es dónde más se necesita confirmar las propias creencias?
En este episodio hablamos de cómo poder vivir la fiesta con estilo propio: disfrutando con libertad, respetando a los demás, cuidando a los amigos y transformando el ambiente con alegría limpia. Porque ser santo no consiste en huir del mundo, sino en meter a Dios en todo: en el estudio, en el trabajo... y también en la fiesta.
Creemos que más es mejor: más logros, más reconocimiento, más productividad. Pero a veces, en esa carrera por llegar al top, descubrimos que el “éxito” que perseguimos nos deja vacíos, porque estamos comparándonos todo el tiempo y al final, agotados.
En este episodio hablamos de cómo la hiperproductividad y la comparación distorsionan lo que significa triunfar, y de cómo es posible redefinir el éxito para que no sea tóxico, sino fuente de felicidad y la razón para estar agradecido.
La hiperproductividad nos hace creer que siempre podemos con más: más trabajo, más compromisos, más velocidad. Pero tarde o temprano, el cuerpo, la mente y el corazón pasan factura. En este episodio hablamos de las señales que ignoramos, del precio oculto de vivir acelerados y de cómo recuperar un ritmo humano que nos permita no solo rendir, sino también vivir.
Vivimos en una cultura que nos programa para la insatisfacción: logras algo y enseguida buscas lo siguiente, como si la felicidad estuviera siempre en la próxima meta. El problema es que, si no aprendemos a agradecer lo que ya tenemos, la vida se convierte en una carrera sin línea de llegada.
En este episodio exploramos cómo funciona la lógica del “nunca es suficiente”, cómo nos atrapa en el trabajo, en las relaciones y en lo personal, y qué pasos concretos podemos dar para romperla.
La hiperproductividad se vende como la llave del éxito: más listas, más hacks, más control del tiempo. Pero ¿qué pasa cuando el afán de hacer más da la sensación de que nos roba lo esencial?
En este episodio hablamos de las trampas ocultas detrás de la hiperproductividad, cómo distinguir lo urgente de lo verdaderamente importante y por qué la paz interior no se mide en tareas tachadas. Un recordatorio de que vivir no es producir sin parar, sino aprender a priorizar con sentido.
Puedes tener todo bajo control, pero si vives con rencores o conflictos sin resolver, la paz nunca llega del todo. En este episodio hablamos de cómo el perdón libera, cómo la reconciliación sana las relaciones y por qué los resentimientos son ladrones silenciosos de paz. Ser pacificador no es evitar los problemas, sino afrontarlos con verdad, justicia y amor. Porque la paz no se guarda: se comparte. Lo que recibes dentro, lo transmites fuera —en tu familia, en tu pareja, en tu trabajo y en la sociedad.Te dejo otros episodios mencionados aquí:
- LSDLN: El cariño salva, donde se menciona a Numa Turcatti.
- La magia del perdón, sobre perdonar.
A veces creemos que estar en paz es aguantarnos y no decir nada. Nos tragamos el enojo, el dolor o la frustración… y pensamos que eso es madurez. Pero en realidad, esa falsa paz se parece más a la resignación: un silencio cargado de amargura que tarde o temprano sale por algún lado.
En este episodio hablamos de que la resignación no es paz, cómo reconocer esa trampa y cuáles son los pasos para pasar de la resignación a una paz verdadera que libera y transforma.Te dejo la canción de Jacinto, una joya: "Apenas notado"