La Epifanía es el encuentro entre la humildad de Dios y la humildad del ser humano. Un Niño que se ofrece. Un corazón que se postra. Un Amor que iguala, une y salva.
Escucha esta reflexión y deja que el Misterio te transforme.
Dios eligió una familia vulnerable para habitar el mundo. Hoy, la Sagrada Familia nos invita a cuidar la vida, proteger el amor y permanecer fieles en lo cotidiano...
En el IV Domingo de Adviento nos acercamos al misterio de José: un hombre justo que supo callar, escuchar y obedecer.
Dios habló en el silencio, y la salvación encontró un lugar donde nacer. Te invito a orar esta reflexión y a dejar que el Emmanuel también habite tu historia.
Cuando la fe pregunta, Dios responde con vida. Una reflexión para orar el III Domingo de Adviento y aprender a reconocer el Reino en lo cotidiano.
Que este Adviento sea un camino para abrir espacio, para permitir que Jesús renueve lo que está cansado y despierte lo que se ha dormido en nuestro corazón.
Adviento es despertar. Jesús nos llama a vivir atentos, disponibles, abiertos a una visita que no anuncia su hora, pero transforma todo. Que este episodio te ayude a encender de nuevo la esperanza.
Domingo XXXIV del Tiempo Ordinario.
En esta Solemnidad de Jesucristo Rey del Universo, contemplamos un reinado que el mundo no comprende: un Rey que no se impone, sino que ama hasta el extremo; que no domina, sino que libera; que no baja de la cruz, sino que abre el Paraíso.
En esta reflexión meditamos las palabras de Jesús al Buen Ladrón, primicia de todos los que un día gozarán la plenitud de Dios: “Hoy estarás conmigo en el Paraíso”. Que también nosotros dejemos que Cristo reine en lo profundo del corazón.
Este pasaje del Evangelio nos invita a mirar la vida con serenidad. Las cosas visibles pasan, pero el Amor de Cristo no. En tiempos de confusión, guerras, voces falsas y cansancio interior, Él nos pide una sola cosa: perseverar. No con miedo, sino con confianza. No con ansiedad, sino con presencia. En cada crisis hay un espacio para el testimonio, una oportunidad para amar más.
Reflexión al Evangelio del domingo 9 de noviembre de 2025.
Jesús expulsa a los mercaderes del templo, recordándonos que el verdadero lugar donde Dios habita es nuestro corazón. Hoy necesitamos purificar ese templo interior y recuperar el respeto por la dignidad del otro.
Jesús consuela a sus discípulos y a nosotros hoy: “No se turbe su corazón… en la casa de mi Padre hay muchas moradas.” Esta es una promesa de vida eterna, un eco de esperanza para quienes lloran una ausencia. Él no se va: nos prepara un lugar donde el amor es para siempre y la muerte no tiene la última palabra.
El fariseo presume su perfección. El publicano reconoce su pequeñez. Y Jesús nos enseña que solo quien se muestra tal cual es ante Dios, encuentra la verdad.
Jesús nos invita a una oración viva, constante, tejida con perseverancia y confianza.No se trata de repetir fórmulas, sino de permanecer en diálogo con el Dios que escucha, el Padre que ama, el Amigo que espera.
No todos los que reciben un don lo reconocen.
Solo quien agradece descubre que la fe no solo cura, sino que transforma el corazón.
La gratitud abre los ojos, sana la memoria y devuelve el alma a su centro.
La fe no es cuestión de cantidad, sino de autenticidad. Basta abrir el corazón a Dios para que lo imposible se vuelva posible. En este episodio reflexionamos sobre cómo Jesús nos invita a vivir una fe humilde, cotidiana y confiada, que transforma lo pequeño en abundante fruto.
El rico vivía en el banquete; Lázaro en la puerta. Cuando todo se invierte, la pregunta sigue igual: ¿a quién ignoraste? Una reflexión para despertar la compasión y revisar el lugar que ocupan los bienes materiales y espirituales en nuestra vida.
👉 La astucia del amor: hijos de la luz
La fidelidad en lo pequeño prepara el corazón para lo grande. Jesús nos invita a ser audaces y creativos, pero al servicio del amor, no del egoísmo. ¿Dónde pones tu ingenio? 🌟
Jesús revela la Misericordia del Padre con tres parábolas: todo ser humano es su tesoro más amado. El cielo celebra cada regreso, porque Dios nunca se cansa de buscarnos.
Jesús nos recuerda que seguirle implica renuncias y libertad interior. Posponer no es abandonar: es darle a Él el lugar central en nuestra vida.
En el Reino de Dios no hay primeros puestos. La verdadera grandeza está en abrir espacio, servir y acoger gratuitamente a quienes no pueden pagarnos.
El fuego del Espíritu Santo es vida y amor. Quema lo viejo, ilumina el camino y abre la libertad de elegir la luz.
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